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Como convertirse en un ninja en 10 fáciles pasos (I)

Trasteando por la internet me he encontrado un buen puñado de manuales y consejos que aseguran poder convertir a cualquiera que los lea en un guerrero ninja. Ni que decir tiene que estos panfletos tienen el mismo valor que los programas de adelgazamiento en dos semanas, los libros de autoayuda o las películas de Gus van Sant: ninguno.

Pero como habrán notado si se han leído mi intrépida y vibrante autobiografía, servidor aprendió las nobles artes del sigilo y el asesinato político allá por el siglo XVIII, básicamente porque internet aún no se había inventado y me aburría como un mono. Por lo tanto creo estar en posición de obsequiarles a ustedes, jóvenes y apasionados lectores, con un ameno decálogo que les guiará en su propósito de convertirse en un legendario guerrero ninja, con la garantía del sello Shine McShine Premium Quality Test.

Abran los ojos y controlen sus esfínteres durante unos minutos, no todos los días regalo perlas de mi cegadoramente brillante sabiduría así como así.

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Lo sé, es la primera imagen que sale en el buscador de imágenes de Google al teclear “ninja”. Y lo sé, no tengo dignidad ninguna. Pero jamás dije que la tuviera.

1. Elimine su identidad

Regla de oro: un ninja no existe. Nadie, absolutamente nadie debe conocer de su existencia. Para ello debe concienciarse y borrar cada huella que haya dejado en su patética y miserable vida anterior. Para ello, tiene dos opciones:

  1. Prender fuego a los archivos del registro civil, el ayuntamiento y demás dependencias que puedan albergar datos perniciosos. Eliminar sus cuentas de facebook, twitter, tuenti o similares. Rastrear y dinamitar los edificios que contengan los servidores con esos datos, por si acaso. Matar a todos sus familiares y amigos.
  2. Fingir su propia defunción de manera convincente. El problema es que esto es ilegal en España.

2. Escoja su guarida

Ahora que ya ha borrado todo rastro de su existencia pasada, es hora de elegir el que será nuestro refugio, santuario y base de operaciones. No se conforme con cualquier cosa. Un local de ensayo sobre una bolera al lado de otro local donde la banda de Trash Metal “Iron Alligator” ensaya los findes no le proporcionará la paz y el sosiego que necesita para su entrenamiento. Debe estar preferiblemente en lo alto de una frondosa e inaccesible montaña repleta de exuberante maleza y a ser posible con tigres siberianos y en el Japón feudal.

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Algo discretito, tal que así.

3. La motivación

Antes de empezar su entrenamiento, joven aprendiz, debe usted ponerse en situación. Hay que tomar conciencia de que se ha elegido un camino tortuoso, plagado de trampas y dificultades. Si no le gusta, haberse metido a estudiar Magisterio Infantil.

No todo va a ser un camino de rosas, es cierto, pero tiene que ser optimista. Vea películas de Jackie Chan, Jet Lee, Cho Yun Fat, Wang Tun, Ho Chi Ming y el resto de actores de esas películas que siempre reponen en Antena 3. Empápese de las filmografías de Takeshi Kitano o Akira Kurosawa. Duerma entre llunchacos y shurikenes. Lea novelas de ninjas. Ya sabe, esas cosas que hace uno para motivarse.

4. El vestuario

Como cualquiera sabe, hay que vestirse completamente de negro, a lo burka pero más ceñido. Esto es una putada sobretodo en verano si vive usted por Écija o alrededores, pero como ya dije en el anterior punto, a nadie le regalan el diploma de ninja por la cara.

A partir de ahora, toda su ropa será de este color. Si usted tuvo una adolescencia rebelde y autodestructiva (para su dignidad, fundamentalmente) y pertenecía a esa extraña tribu urbana llamada “gotikos“, el autor de este manual lamenta decirle que no podrá reutilizar sus prendas. Demasiadas chapitas y hebillas, ya sabe, no queremos ir por ahí pareciendo sonajeros ambulantes. Por lo del sigilo, y tal.

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No, estos no son ninjas. Servidor incluso duda de que pertenezcan al género Homo sapiens

 5. La dieta

Aunque pueda parecer un punto trivial, la alimentación de cualquier aspirante a convertirse en un feroz asesino ninja es algo que no puede ni debe ser descuidado. Así que tome papel y lápiz y apunte la serie de alimentos que a partir de ahora y hasta el fin de sus días consumirá con regularidad:

  1. Arroz
  2. Algas

Puede combinarlos a su gusto.

Puede que al lector neófito y poco o nada experimentado le resulte una lista bastante parca en lo que a variedad se refiere, pero créanme, dos semanas comiendo esto y sus ansias de asesinar, quemar y violar habrán aumentado en un 2554%. O bien se habrá arrojado desde lo alto de un barranco y estará muerto, lo que considerando el crecimiento demográfico global tampoco es algo demasiado negativo.

Usted puede haber leído cosas como que los ninjas comen ese invento de Satanás llamado sushi. Haga lo que quiera, yo solo le diré dos palabras: Fasciola hepatica.

Y aquí acaba la primera parte de este utilísimo manual. Permanezcan pegados a sus pantallas para la próxima y definitiva entrega, en la que se tratarán en profundidad los aspectos relacionados con el combate, el manejo de armas y eso de volar usando cables.

Mientras tanto, vayan practicando lo que han aprendido hoy.

Hasta la próxima.

Batallitas veraniegas del tío McShine

Hola, queridos lectores.

Como últimamente ando muy poco inspirado (uno no puede ser tan genial siempre), en lugar de calentarme la cabeza pensando alguna tontería relacionada con zombis o apocalipsis nucleares (lo que me llevaría algo más de media hora), les voy a hablar un poco de mi vida.

Mañana tendría que estar camino de Aranda de Duero para pasar tres dias en un festival, pero gracias a que mis amantísimos amigos cambian más de opinión que de camiseta y por lo tanto no se puede decidir nada hasta última hora, pues nada, no vamos. Si leéis esto chicos, os sigo queriendo, pero ojalá se os gangrene el escroto.

Para compensar, y como somos una pandilla de gafapastas pedantes sin nada mejor que hacer (como ir a algún festival, ejem ejem), hemos montado una maratón de películas sobre estrellas del rock’n roll. Ya llevamos Jhonny Cash y Jerry Lee Lewis. A ritmo de una al día, calculo que para mediados de Octubre habremos acabado con todo el repertorio.

En otro orden de las cosas, mi to-do list para este mes de Agosto es el siguiente:

  • Golpear a un telepredicador en la cara.
  • Fabricar una jukebox.
  • Fabricar un alambique.
  • Aprender de una puta vez a usar el photoshop (sí, ok, cincuenta latigazos y tal).
  • Nada más.

Ya les contaré si he tenido algún éxito.

Sigan visitándome. Es posible que en breve encuentren aquí un útil y completo manual para el cultivo y fabricación casera de opiáceos, o quizá una crítica implacable aderezada con un humor cáustico de alguna película de Julio Medem, u otra entrada hablando de como deberían actuar ante una oleada de zombis radiactivos si se encuentran sitiados en el tejado de un centro comercial.

O quizá, y más probablemente, una entrada inútil y aleatoria, como la presente.

Per lo importante es el amor. Y yo les quiero a ustedes. A todos. Sí, también a usted, tontaco.

Buenas noches.

El día en que soñé que salvaba a la humanidad de una invasión alienígena matando a Berlusconi

En una exhibición descarada de falta de vergüenza y dignidad, esta entrada está posteada doblemente aquí y en mi tumblr (con algunas modificaciones). Vayan acostumbrándose, que bastante hago ya por ustedes.

El otro día soñé de nuevo con invasiones alienígenas. No es la primera vez que me pasa, pero fue lo bastante nítido como para que me acuerde de todo al detalle, y eso que me acosté borracho. También es bizarro en el sentido en el que solo un sueño puede ser, así que espérense lo peor.

Me encontraba yo en una zona de Praga llamada Vysherad, que es una de las partes más bonitas de la ciudad. El cielo estaba gris (o anocheciendo, el caso es que no había demasiada luz) cuando de entre las nubes sale un bombardero Stealth. Yo estaba con alguien (creo que Audrey) y le comentaba que aquello era muy raro. Luego el bombardero bajaba y resultaba ser mucho más grande de lo que parecía. Grande que te cagas, vaya. Luego se posaba lejos, en medio de una muchedumbre, y de su interior salían los robots esos que salen el la portada del disco de los Flaming Lips (Yoshimi Battles the Pink Robots) y empezaban a lanzar rayos y a matar a la gente.

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too much music damages your brain 

Y entonces el sueño se traslada a una habitación en la que solo estamos yo, Berlusconi y la rubia esa que sale al final de la segunda temporada de Doctor Who, que era la jefa de los extraterrestres. Ella me llevaba a un lado y me decía que estaban allí en son de paz y que solo habían venido a llevarse a Berlusconi, que en realidad era un alienígena fugitivo. A mí aquello me olía a trola, fundamentalmente porque había visto como mataban a un montón de civiles inocentes, así que al final descubro que tanto il Cavagliere como la rubia estaban encompinchados, así que cogía un cuchillo de carnicero de 17 cm y procedía a hundírselo en el pecho al primer ministro, para acto seguido cortarle la garganta a la jefa.

Hecho esto, paso a encontrarme en un instituto (ya he dicho que era un sueño muy bizarro) infestado de aquellos robots que tenían tentáculos que intentaban agarrarme, Estaban a punto de conseguirlo cuando aparece un tipo al que conocí en Praga (y que nunca me cayó muy bien me cae como el culo) en una moto y con una escopeta. Me saca de allí y me lleva con la resistencia.

Mire usted por donde, la resistencia estaba alojada en un edificio enorme parecido al Pentágono pero bajo tierra. Allí me recibían como a un héroe porque había matado a los líderes invasores yo solo (soy así de fantástico hasta en sueños) y luego nos mirábamos todos con cara de preocupación preguntándonos quién sería el nuevo líder.

El sueño acababa con Joe Biden (vicepresidente de los USA) entrando en una sala llena de monitores. Tras él, dos robots alienígenas entran escoltándole. Biden sonríe. Yo me despierto.

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Ya sabía yo que esa sonrisa tan condenadamente carismática no podía esconder nada bueno 

Le he estado dando vueltas y no le encuentro un significado. Así que les dejo a ustedes, amables lectores, la responsabilidad de interpretar este lisérgico y psicotrópico sueño. Yo les recompensaré con drogas con montones de gratitud. Son los mejores, les quiero a todos.

Que duerman bien.

La fantasbulosa historia del señor que se aburría y se fabricó un misil en su garaje

Creo que ya he comentado por aquí que el aburrimiento es el motor más poderoso del mundo. Lo que pasa es que no opera de la misma manera en todos. A unos les da por programar aplicaciones para el iPhone, a otros por atarse globos a la espalda y salir disparados hacia la estratosfera y otros (los más visionarios) deciden ir un paso más allá.

Les hablo de Bruce Simpson, un jubilado neozelandés sin demasiadas cosas que hacer y aficionado a la ingeniería aeronáutica (ya ven, como quien se aficiona a coleccionar sellos) quien, como ciudadano de bien, observó con horror y consternación los temibles atentados del 11-S. Poco después publicó en su blog lo fácil que sería para algunos terroristas construir misiles de crucero con los que atacar a la gente honrada y trabajadora como usted o su vecino. Lo que nuestro protagonista no se esperaba era el aluvión de respuestas a su disertación, algunas de ellas afirmando que dicho extremo era imposible, lo que el señor Simpson interpretó como un no tienes cojones y decidió, en una inenarrable muestra de lucidez, construir su propio misil low cost ($5000) y explicar su proceso de fabricación en su blog para ayudar a prevenir estos actos en el futuro por parte de terroristas.

Para una persona corriente y moliente esto podría ser el equivalente a enseñar como fabricar cocaína para acabar con la drogadicción, pero ya he dicho que este hombre es un visionario, cuyo talento está más allá de la comprensión del humano medio.

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Si es que soy un puto genio, copón.

Así que nuestro amigo empezó a contar, desde su página web, el proceso de compra de componentes (la mayoría en ebay) y la fabricación del pepino en cuestión.

Pronto se hizo tremendamente popular, y las autoridades neozelandesas empezaron a preguntarse si era legal que uno de sus ciudadanos estuviera construyendo un arma de destrucción masiva en el garaje de su casa y para colmo diera lecciones en internet, así que pronto se movilizaron para intentar chaparle el chiringuito al bueno de Bruce.

Por alguna extraña razón, no consiguieron nada contra nuestro valiente protagonista (y digo extraña porque en Europa encerraron a un tipo durante tres años y medio solo por tener planos en su ordenador), y no fue hasta que el ejército kiwi se negó a dejar uno de sus campos de tiro para que este probara su invento y una auditoría fiscal le dejara prácticamente en gayumbos que el señor Simpson no se vio obligado a cancelar su proyecto.

Poco después de su odisea, publicó un libro contando sus batallitas y se dedicó a seguir con sus experimentos de motores de fusión y otros menesteres. A día de hoy, sigue muy enfadado con el gobierno de su país por haberle censurado tan altruista y bienintencionado proyecto. Hijos de puta.

En su web pueden encontrar los archivos pertinentes por si alguno de ustedes, avezados lectores, se anima a repetir la gesta. En caso de que sí y le salga mal, yo no le conozco de nada. En caso de que salga bien, pégueme un toque y le obsequiaré con un puesto de honor en mi ejército de dominación mundial.

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Concept Art #57. Title: Suck it, Ayatollah!

P.D. Sí, lo sé, este no es el post de zombis que les prometí. Soy un ser mezquino y despreciable, pero eso les enseñará a no fiarse de cualquiera. Sobretodo de alguien tan guapo y chispeante como yo.

P.P.D. Denme feedback. ¿De qué quieren que hable? ¿Zombis? ¿Historias sorprendentes a la par que increíbles como la del hombre al que un tren partió por la mitad y sobrevivió para contarlo? ¿Alienígenas espías de la Guerra Fría? ¿Todo ello a la vez?

Paranoia post-soviética y otros menesteres

Lo bueno que tiene volver al universo Fallout después de tantos años es que uno se pone apocalíptico y le da por buscar y encontrar cosas como esta:

Claro, al leer esto uno piensa inevitablemente que los administradores están de coña. Pero no, la cosa va en serio. Tampoco es que tenga mucha credibilidad este documento, porque a la postre viene enmarcado en un portal fundamentalista cristiano que afirma que todos aquellos que no recemos de rodillas cada noche merecemos arder en un lago de azufre hirviendo para toda la eternidad. Yeah.

Lo realmente curioso de este documento es la cantidad de información que ha recopilado su autor para argumentar esta supuesta invasión, incluyendo posibles landing points y demás. La paranoia soviética aún sigue viva en los corazones de un puñado de buenos americanos, afortunadamente. Una lectura amena e interesante para las cálidas noches de Julio, queridos lectores.

Y hablando del Fallout 3, resulta perturbador la manera en que este juego es capaz de retrotraerme a mi más tierna adolescencia cuando descubrí los dos primeros juegos. Me da entonces por ponerme nostálgico y empezar a evocar un enorme montón de mierda sentimentaloide que no necesito ahora precisamente. Vivo en una especie de limbo entre el año que he pasado en Praga y mi próximo destino en Barcelona que empieza en Octubre, de modo que todo esto me resulta muy extraño y probablemente solo se me pase cuando ponga el pie en algún festival de modernos y pueda bailar y hacer uso y abuso de alcohol y otros estupefacientes. Hasta entonces planeo estar en modo encostramiento [ON] y no va a haber fuerza humana o sobrehumana que me haga cambiar de estado. Lo sé, fuck my life.

Perdonen vuestras mercedes por verter aquí toda esta cháchara introspectiva y bla bla bla, pero oigan, este es mi weblog y me lo follo cuando quiero.

Mañana, el post sobre zombis que les prometí.

WASD

Una de las cosas buenas que tiene estar de vuelta nuevamente por este simpático país (para compensar el calor infernal, la cerveza cara y la poca promiscuidad de las mujeres, en general) es el poder contar con A) un PC y B) una conexión a Internet decente, lo que únicamente me lleva a que esté pasando las vacaciones sin levantar los dedos del teclado ya que, tal y como prometí, me he instalado de cabeza el Fallout 3. Les digo esto porque es posible que la próxima actualización tarde en llegar, o no, pero mi único objetivo en este momento es patear el mayor número de supertraseros de supermutantes posibles. Fuck yeah.

Llevo tres dias jugando, así que no les puedo dar una opinión formada del juego, más allá de decir que han respetado bien la ambientación pero se le nota un abismo enorme entre las posibilidades que ofrecían las dos primeras entregas y esta última. Veremos que tal.

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Servidor (y tres colegas) paseándose por Wasteland en motocarro. 

En la próxima entrega les hablaré de zombis. Sí, otra vez.

Pórtense bien en mi ausencia.

Interpost (IV)

Avalada por el Alto Comisionado para la Defensa Zombie (ZDHC por sus siglas en inglés) llega la AA12 Combat Shotgun, capaz de repeler un ataque de Nivel 3 por si sola.

Advertencia: su uso en interiores puede causar daños en los oídos. Se ruega no disparar sobre ningún ser vivo con la excepción de Julio Médem.

Post aleatorio sobre nada en absoluto

Bienvenidos una semana más a este púlpito de verdades. Como en tres horas me marcho a Budapest y es bastante probable que no vuelva por aquí en más de una semana, he decidido obsequiarles con otro de mis maravillosos posts, que como habrán deducido por el título, no hablará de nada de provecho. Esto lo hago fundamentalmente por dos razones:

  1. Porque no se me ocurre nada interesante de que hablarles, o bien es algo que implicaría buscar la foto adecuada (con su correspondiente y psicotrónico pié de foto), poner enlaces y cosas por el estilo, y
  2. Porque cada vez que me curro un post útil y original, las visitas caen y no comenta ni el Tato. En cambio, cuando hablo de los borrellones bajo mi cama o de mi visita al dentista, me avasallan las multitudes. Esto lo achaco al por otra parte comprensible morbo que provoca un individuo tan chispeante y divertido como yo, pero oigan, todo no puede ser.

Pero como hoy me siento generoso, voy a contarles lo que he estado haciendo últimamente.

Terminé mis prácticas de empresa de un año el jueves pasado, hecho este que celebré con una fiesta pantagruélica que terminó a las once y media de la mañana del domingo. Tras levantarme a las siete de la tarde, procedí a comerme un arroz con pollo al curry que estaba en mal estado y que me ha dejado con retortijones dos días (¿han probado ustedes a vomitar arroz? Es asqueroso. Los granos se quedan diseminados por todo el esófago y luego uno tiene que ir tosiendo para sacárselos de las entrañas. Si tiene suerte, es posible que uno o dos abandonen su cuerpo por la nariz), periodo que he aprovechado para verme del tirón las cuatro temporadas de How I met Your Mother. Ahora me he quedado con el mono de ver alguna sitcom mínimamente original y graciosa. Se aceptan sugerencias en comentarios.

En próximas entregas les iré desgranando (¿lo ven? granos everywhere) los pormenores de mi vida en Praga, ciudad que abandonaré en dos semanas para vivir nuevas y trepidantes aventuras Dios sabe dónde que tendré a bien de hacérselas saber aquí.

Pero eso será otro día. Procuren capear mi ausencia de alguna manera, que sé yo, relean mis archivos, visiten los enlaces o únanse al culto a Onán. Procuraré volveré en breve.

O no.

Cinco minutos para medianoche

Como se habrán percatado si no viven ustedes debajo de una piedra (o en su defecto en una comunidad Amish), el tema nuclear vuelve a estar muy de moda. Y todo gracias a ese simpático personajillo llamado Kim Jong-Il, a quien seguramente le gustaba mucho la Guerra Fría y ha decidido seguir los pasos de su idolatrado Stalin y fabricarse un par de bombas nucleares.

El problema es que al simpático de Kim se le ha metido en la cabeza que puede -y debe- plantarle cara al Tío Sam, porque oiga, serán pequeños pero tienen bombas nucleares, amén de dos cojones bien puestos y 12 millones de soldados con el cerebro bien lavado entrenados para formar la imagen de su cara con antorchas y que se pueda ver desde el espacio. ¿Y quién puede discutirles eso, eh?

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Hasta la victoria siempre

Lo que nadie se ha parado a decirle nunca al Querido Líder -porque probablemente acabaría en un paredón- es que, si alguna vez se le ocurriera apretar el botón rojo su país iba a durar menos que Steve Irwin en un estanque lleno de rayas. Pero claro, eso no quita que el susodicho botón descanse sobre su escritorio en este preciso momento. Ahora, sí, mientras usted lee esto.

Y fue todo este berenjenal el que dio con mis huesos en alguna página de internet en la que encontré la historia que les he venido a relatar (porque sí, la historia empieza ahora, después de cuatro párrafos. Ríase usted de Carlos Ruiz Zafón).

El caso es que, cuando los USA empezaron a convertir ciudades japonesas en átomos radiactivos, la gran mayoría de los científicos nucleares que habían tomado parte en la concepción de tan divertido ingenio se orinaron y defecaron -simultáneamente- en los pantalones al contemplar lo que habían hecho (por lo visto, tales eminencias habían previsto que del interior de una bomba atómica surgieran conejitos de angora, arcoiris y osos amorosos, y claro, se quedaron consternados al ver una detonación nuclear de 12 kilotones).

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Vaya, esto no me lo esperaba…

Muchos dejaron la física, otros siguieron desarrollando programas nucleares y la mayoría decidió constituir el Bulletin of Atomic Scientists, revista que se encargaría de monitorizar la actividad nuclear en todo el planeta.

Empezada la Guerra Fría, con un montón de rusos cabreados intentando desarrollar tecnología nuclear por su cuenta, nuestros amigos se dieron cuenta que a lo mejor esto iba a acabar muy malamente. Muy, muy malamente. De manera que se pusieron de acuerdo todos en que necesitaban algún indicador que mostrara el peligro real de una confrontación nuclear total que mandara a la humanidad a los primeros estadios de la evolución, ya saben, al equivalente de las primeras pantallas del Spore.

Y ese indicador fue El Reloj del Día del Juicio Final (o Doomsday Clock).

La historia exacta y los pormenores los pueden encontrar el la página web oficial, la wikipedia o este magnífico documental que habla sobre el tema. Que me está quedando el post muy largo, hombre ya.

Como se explica, el reloj empezó marcando (a modo simbólico) 7 minutos para medianoche (siendo la medianoche el momento del katapúm), y se iba adelantando o atrasando en función del riesgo real de guerra. Lo más cerquita que se ha estado nunca fueron dos minutos para medianoche, y lo más alejado, 17 minutos (justo después de la caída de la Unión Soviética).

Hoy, el reloj marca cinco minutos para medianoche.

Sí, amiguitos. Estamos más cerca hoy de la hecatombe de lo que lo estuvieron en la mayor parte de la Guerra Fría. Visiten los enlaces, mírense el documental y exploren un poco por su cuenta. Descubrirán que actualmente la paranoia está muy infravalorada.

Piensen en ello antes de acostarse.

Reentrada atmosférica inminente

Normalmente, cuando este blog se queda parado por un tiempo, las visitas aumentan exponencialmente. No sé que misterioso mecanismo cósmico opera en este caso, pero desde luego resulta un tanto perturbador. Mi parte abúlica y mi parte autocomplaciente ven colmadas sus expectativas simplemente dejando este antro de depravación como el erial de arena que acostumbra a ser las más de las veces. Pero en ocasiones -contadas-, mi parte responsable se sacude los dos dedos de polvo que se le acumulan encima, se cuadra y me impulsa irremisiblemente frente al teclado de mi flamante ordenador para hacerles saber a ustedes de nuevo de mi existencia. Hoy, se habrán percatado, es una de esas ocasiones.

Esta vez no es la astenia primaveral la responsable del enésimo abandono de este sitio, sino todo lo contrario. Desde hace unas semanas vivo inmerso en una espiral de creatividad y curiosidad sin precedentes. Para que se hagan una idea, he escrito dos cuentos, un guión para un corto y he dado forma a un proyecto bastante ambicioso del que, si todo va bien, tendrán constancia en breve. También me he dedicado a consumir horas y horas de (buen) cine que tenía en abandonado en las entrañas de mi disco duro, al lado mismo de un útil manual para la creación de supersoldados cibernéticos asesinos. También, si son avispados, habrán notado que he actualizado mi biografía oficial, algo que llevaba prometiendo un par de años (empezaba a parecer un político, y oiga, eso si que no).

He viajado al siglo XIX, a la majestuosidad de la Inglaterra Victoriana. He seducido hermosas damas de la más alta alcurnia, he jugado al poker en el Gentelmen’s Club de Londres y me he batido en duelo tres veces, saliendo siempre victorioso. He recorrido el Imperio Británico en toda su extensión, y he combatido a los zulúes en Rorke’s Drift, a los sarracenos en Khartum y a los afganos en el Paso de Khyber. He regresado con la casaca roja, la bayoneta manchada por la sangre de mis enemigos y más conocimiento de la época del que ningún otro ser vivo ha tenido jamás.

También me ha dado tiempo a revisar mi archivo a fondo. Encuentro alucinante lo rápido que pasa el tiempo, hay entradas que escribí hace más de un año que recuerdo como si fuera ayer.

Tengo la sensación de que este periodo de inactividad blogeril está tocando a su fin. Mi mente bulle con un millón de cosas que contarles y una musa con la forma de Daria Weirbowy revolotea por el techo de mi habitación, susurrándome mientras duermo. La otra noche soñé que moría e iba al infierno, que para mi sorpresa consistía en una oficina del INEM gigante. La gente esperaba haciendo cola, y en ella conocía a Pete Doherty y a Carl Barât. Pete estaba furioso conmigo y me quería pegar, pero Carl conseguía tranquilizarlo y finalmente nos hacíamos todos amigos y nos íbamos a tomar unas cañas, pero como aquello era el infierno nos daban Cruzcampo. Me desperté gritando, empapado en sudor y con el regusto de aquel mejunje venenoso todavía en mis labios. Si aquello no era una señal de que debía postear aquí inmediatamente, no sé que puede serlo.

Permanezcan a la escucha y no separen la vista de su lector de feeds habitual, les quiero prestos aquí para regocijarse en mi siguiente diatriba. Ahora, vuelvan a lo que estaban haciendo.

Pórtense bien en mi ausencia.