Dice mi buen amigo JP que en las convenciones de cómic y similares la palabra que más se oye es “proyecto“. Supongo que esto obedece a una explicación obvia: cuando uno hace cualquier cosa constructiva lo hace por afán de reconocimiento social, porque la gente diga “wahhh, que cómic tan estupendástico te ha quedado” o bién “¡albricias, que filme tan bien hecho y que emocionante!” y cosas por el estilo. El inconveniente está en que muchas veces no tenemos tiempo, dinero ni medios para dedicarnos a tales menesteres, y como lo más seguro es que cuando esté acabado el producto tenga la misma calidad que un zurullo flotando en una piscina municipal, pues casi que lo mejor es saltarnos ese paso e incluirlo en la categoría de proyectos. Así, podemos ir por ahí contando nuestro proyecto y la gente nos dirá “cielos, que proyecto tan imaginativo e interesante”, con lo que ya hemos conseguido el reconocimiento social y sin calentarnos la cabeza ni soltar un duro.
Claro, luego pasa que dicho proyecto queda inconcluso y la gente te pregunta que como va y esas cosas. Esto se soluciona con nuevos proyectos de los que hablar. Y así hasta el infinito.
De modo que he decidido aplicarme el cuento y les voy a hablar de un par de proyectos que tengo, para que así me puedan agasajar en los comentarios.
- Fundar mi propia religión. Esta se llamaría “Inglesia de la Santa Procrastinación de los Últimos Días” y en ella nadie haría lo que le toca hacer, dejándolo todo para mañana. Esto supondría un colapso social y económico que conduciría a consecuencias catastróficas que probablemente aniquilarían la sociedad. Esta es la parte escatológica que toda religión que se precie debe tener. Es como el Apocalípsis de la Biblia o el Ragnaroc de los vikingos, y como estas tendría un nombre molón a más no poder: el Katapum. Si conocen a alguien que no se amedrente al oir semejante nombre preséntenmelo. Por supuesto, tendría su propio libro sagrado, la Biblia 2.0, que es como la Biblia de toda la vida pero en plan “Elige tu propia aventura”, algo como “si quieres que Abraham mate a Isaac, ve a la página 72. Si por el contrario quieres que mande a tomar por culo al creador y que se vayan padre e hijo a tomar unas cervezas, ve a la página 12“. Y así sucesivamente. Este método evitaría discusiones al respecto de la interpretación de los textos, ya que cada uno podría hacerlo a su manera perfectamente.

Imagen explicativa del Katapum
- Maquear mi cuarto al estilo steampunk, comprarme un traje victoriano y una pistola de rayos laser. Esto me aseguraría un enorme éxito social y el poder desintegrar a cualquiera que discrepe conmigo.
- Aprender tácticas de supervivencialismo para llegar preparado ante una eventual guerra termonuclear. A tal efecto, pienso aprovisionarme de una pala, un hacha, una toalla y un amplio surtido de estos libros. Pueden pensar que soy un paranoico, pero me la suda. Que sepan que llegada la hora, meare sobre sus cenizas. Jo jo jo…
- Rodar una película trepidante y misteriosa. Llevaría por nombre “Random” y el argumento consistiría en que un buen día la gente se pone a explotar porque sí, aleatoriamente y sin causa aparente. Imagínense por un momento el pánico nacional creado, el presidente hablando ante las cámaras para tranquilizar a la nación y acto seguido atomizándose en una nube de sangre. Por supuesto, habría una explicación, encontrada por un científico a última hora. Cuando este fuera a explicar la causa del porqué de tan siniestras y azarosas muertes, el susodicho científico volaría por los aires dejándolo todo hecho unos zorros.

Algo como esto pero sin telépatas asesinos, solo porque sí.
Y esto es todo por ahora. Cuando se me ocurran más cosas, se lo haré saber.
Pórtense bien en mi ausencia.




