Archivo de la Categoría 'La Fantasbulosa Historia de mi Vida'

Recibiendo Transmisión Entrante

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Bip!

Hola de nuevo. Soy yo otra vez.

Podría dar un millón de excusas para justificar el abandono de este blog, pero la verdad es que ni yo mismo estoy muy seguro de por qué. La principal razón, creo, es que me he acabado cansando de Shine McShine. Empecé escribiendo con ese nombre en mi primer journal hace más de seis años, y es un personaje que he mantenido todo este tiempo hasta el día de hoy. Pero es eso, solo un personaje, del que cada vez me he ido alejando más y que cada vez me parece menos gracioso. Y antes de que acabe convirtiéndolo en una parodia de si mismo, prefiero dejarlo abandonado una temporada y luego decidir que hacer con él.

Otra es que tumblr le quita todo el relleno que podría mantener actualizado el blog, y cada vez me costaba más trabajo y paciencia ponerme a escribir algo aquí. Ahora mismo ya me está dando mucha pereza, así que voy a ir acabando.

No quiten este sitio de su lector de feeds. Este blog no está muerto, está en barbecho, y no sé ni quiero saber cuanto tiempo me llevará regenerarlo. Y ahora mismo tampoco me importa. Sigan visitando mi tumblr, mis enlaces y los enlaces de mis enlaces. Yo, mientras tanto, dejaré mi flotilla de satélites asesinos vigilando la tierra por mí.

Hasta luego y suerte.

Review de El día de los Trífidos y otras cosas bonitas.

Antes que nada, feliz año nuevo, por eso de cumplir y tal. Espero que ustedes se montasen una buena fiesta de Fin de Año en condiciones. Yo desde luego no me voy a quejar, pero tampoco esperen que se lo cuente porque es de mal gusto ir fardando por ahí de lo bien que se lo pasa uno. Ahí queda mi sabio consejo de año nuevo, ahora hagan con el lo que les salga de la punta de sus órganos reproductores.

Y dicho esto, paso a la review de la miniserie que les linkeé en las dos entradas anteriores. Bueno, la verdad es que no está mal. Es la adaptación más fiel al libro que he visto de momento, y los trífidos están bastante chulos, pero hay un par de cosas que chirrían bastante, y creo que no hubiese estado mal hacer la serie un poco más larga, porque muchos personajes se quedan bastante desaprovechados. Aún así, recomiendo su visionado.

Por cierto, que lo de poner aquí los enlaces de descarga parece que ha funcionado bastante bien, así que en el futuro esperen más mandanga de la buena en este su blog favorito. Eso sí, se tratará solo de cosas selectas, cortas y preferiblemente británicas.

Y dicho esto, voy a ver si me recupero de esta resaca que aún arrastro vía el método ruso, es decir, bebiendo otra vez.

Permanezcan atentos y sigan visitándome a menudo también este año. Serán recompensados con nuevas perlas de mi inefable y mordaz ingenio. Y esto ha sido todo por hoy, ciudadanos.

Trazos de heliógrafo en el horizonte

Yo debería estar trabajando. Porque, saben, en unas treinta horas tengo que dar un seminario (en inglés) y todavía me falta la mitad de la presentación por hacer. Pero llevo toda la tarde desgañitándome delante del ordenador y para compensar voy practicar un poco el blogging, actividad bonita y relajante que solo ejerzo cuando tengo cosas más importantes que hacer. Agradezcan para sus adentros que vuelva a ser una persona ocupada y con obligaciones.

Tampoco es que venga a contarles nada de interés, porque a las horas que son no voy a ponerme a buscar imágenes por ahí y a pensar chistes graciosos así porque sí. Si quieren contenido con más chicha, vuelvan pasado mañana.

La verdad verdadera es que llevo cinco días sin salir de casa más que para comprar comida liofilizada con la que abastecerme mientras mis córneas se secan y se caen a pedazos de tanto leer artículos científicos que, con la mano en el corazón, me la soplan. Lo que necesito ahora es beber como un cosaco y socializarme un poco, algo que no he hecho desde que me mudé a Barcelona. Pero en fin, no sé que hago yo aquí contándoles mis penas a ustedes, gente de bien que probablemente haya llegado hasta aquí buscando cómo repeler invasiones zombis o alguna historia sobre espías soviéticos de la KGB. O, en función de mi lector de cadenas de búsqueda que enlazan a este humilde blog últimamente, como convertirse en un ninja. Cuanto tiempo libre tienen ustedes, copón.

Por cierto, si todo va bien en breve disfrutarán de la versión móvil de El Desayuno de los Campeones. ¡Sí, maldita sea! ¡Su página favorita de internet pronto en su iPhone! ¡Yay!

Y una última cosa. Sé que he dejado esto parado durante dos meses, lo cual es una hijoputez por mi parte, lo reconozco. Así que les agradecería mucho que me dejaran un comentario para dar testimonio de que todavía están al otro lado de la pantalla y de que yo aún escribo para que me lea alguien.

Nada más. Me retiro a mi cama con la satisfacción de haber soltado un peñazo de aúpa sin haber dicho absolutamente nada de provecho. Debería dedicarme a escribir novela histórica. Si es que soy un genio, rediós.

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Lo sé, lo sé. Yo también les quiero.

Hale, pórtense bien en mi ausencia.

Batallitas veraniegas del tío McShine

Hola, queridos lectores.

Como últimamente ando muy poco inspirado (uno no puede ser tan genial siempre), en lugar de calentarme la cabeza pensando alguna tontería relacionada con zombis o apocalipsis nucleares (lo que me llevaría algo más de media hora), les voy a hablar un poco de mi vida.

Mañana tendría que estar camino de Aranda de Duero para pasar tres dias en un festival, pero gracias a que mis amantísimos amigos cambian más de opinión que de camiseta y por lo tanto no se puede decidir nada hasta última hora, pues nada, no vamos. Si leéis esto chicos, os sigo queriendo, pero ojalá se os gangrene el escroto.

Para compensar, y como somos una pandilla de gafapastas pedantes sin nada mejor que hacer (como ir a algún festival, ejem ejem), hemos montado una maratón de películas sobre estrellas del rock’n roll. Ya llevamos Jhonny Cash y Jerry Lee Lewis. A ritmo de una al día, calculo que para mediados de Octubre habremos acabado con todo el repertorio.

En otro orden de las cosas, mi to-do list para este mes de Agosto es el siguiente:

  • Golpear a un telepredicador en la cara.
  • Fabricar una jukebox.
  • Fabricar un alambique.
  • Aprender de una puta vez a usar el photoshop (sí, ok, cincuenta latigazos y tal).
  • Nada más.

Ya les contaré si he tenido algún éxito.

Sigan visitándome. Es posible que en breve encuentren aquí un útil y completo manual para el cultivo y fabricación casera de opiáceos, o quizá una crítica implacable aderezada con un humor cáustico de alguna película de Julio Medem, u otra entrada hablando de como deberían actuar ante una oleada de zombis radiactivos si se encuentran sitiados en el tejado de un centro comercial.

O quizá, y más probablemente, una entrada inútil y aleatoria, como la presente.

Per lo importante es el amor. Y yo les quiero a ustedes. A todos. Sí, también a usted, tontaco.

Buenas noches.

El día en que soñé que salvaba a la humanidad de una invasión alienígena matando a Berlusconi

En una exhibición descarada de falta de vergüenza y dignidad, esta entrada está posteada doblemente aquí y en mi tumblr (con algunas modificaciones). Vayan acostumbrándose, que bastante hago ya por ustedes.

El otro día soñé de nuevo con invasiones alienígenas. No es la primera vez que me pasa, pero fue lo bastante nítido como para que me acuerde de todo al detalle, y eso que me acosté borracho. También es bizarro en el sentido en el que solo un sueño puede ser, así que espérense lo peor.

Me encontraba yo en una zona de Praga llamada Vysherad, que es una de las partes más bonitas de la ciudad. El cielo estaba gris (o anocheciendo, el caso es que no había demasiada luz) cuando de entre las nubes sale un bombardero Stealth. Yo estaba con alguien (creo que Audrey) y le comentaba que aquello era muy raro. Luego el bombardero bajaba y resultaba ser mucho más grande de lo que parecía. Grande que te cagas, vaya. Luego se posaba lejos, en medio de una muchedumbre, y de su interior salían los robots esos que salen el la portada del disco de los Flaming Lips (Yoshimi Battles the Pink Robots) y empezaban a lanzar rayos y a matar a la gente.

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too much music damages your brain 

Y entonces el sueño se traslada a una habitación en la que solo estamos yo, Berlusconi y la rubia esa que sale al final de la segunda temporada de Doctor Who, que era la jefa de los extraterrestres. Ella me llevaba a un lado y me decía que estaban allí en son de paz y que solo habían venido a llevarse a Berlusconi, que en realidad era un alienígena fugitivo. A mí aquello me olía a trola, fundamentalmente porque había visto como mataban a un montón de civiles inocentes, así que al final descubro que tanto il Cavagliere como la rubia estaban encompinchados, así que cogía un cuchillo de carnicero de 17 cm y procedía a hundírselo en el pecho al primer ministro, para acto seguido cortarle la garganta a la jefa.

Hecho esto, paso a encontrarme en un instituto (ya he dicho que era un sueño muy bizarro) infestado de aquellos robots que tenían tentáculos que intentaban agarrarme, Estaban a punto de conseguirlo cuando aparece un tipo al que conocí en Praga (y que nunca me cayó muy bien me cae como el culo) en una moto y con una escopeta. Me saca de allí y me lleva con la resistencia.

Mire usted por donde, la resistencia estaba alojada en un edificio enorme parecido al Pentágono pero bajo tierra. Allí me recibían como a un héroe porque había matado a los líderes invasores yo solo (soy así de fantástico hasta en sueños) y luego nos mirábamos todos con cara de preocupación preguntándonos quién sería el nuevo líder.

El sueño acababa con Joe Biden (vicepresidente de los USA) entrando en una sala llena de monitores. Tras él, dos robots alienígenas entran escoltándole. Biden sonríe. Yo me despierto.

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Ya sabía yo que esa sonrisa tan condenadamente carismática no podía esconder nada bueno 

Le he estado dando vueltas y no le encuentro un significado. Así que les dejo a ustedes, amables lectores, la responsabilidad de interpretar este lisérgico y psicotrópico sueño. Yo les recompensaré con drogas con montones de gratitud. Son los mejores, les quiero a todos.

Que duerman bien.

Paranoia post-soviética y otros menesteres

Lo bueno que tiene volver al universo Fallout después de tantos años es que uno se pone apocalíptico y le da por buscar y encontrar cosas como esta:

Claro, al leer esto uno piensa inevitablemente que los administradores están de coña. Pero no, la cosa va en serio. Tampoco es que tenga mucha credibilidad este documento, porque a la postre viene enmarcado en un portal fundamentalista cristiano que afirma que todos aquellos que no recemos de rodillas cada noche merecemos arder en un lago de azufre hirviendo para toda la eternidad. Yeah.

Lo realmente curioso de este documento es la cantidad de información que ha recopilado su autor para argumentar esta supuesta invasión, incluyendo posibles landing points y demás. La paranoia soviética aún sigue viva en los corazones de un puñado de buenos americanos, afortunadamente. Una lectura amena e interesante para las cálidas noches de Julio, queridos lectores.

Y hablando del Fallout 3, resulta perturbador la manera en que este juego es capaz de retrotraerme a mi más tierna adolescencia cuando descubrí los dos primeros juegos. Me da entonces por ponerme nostálgico y empezar a evocar un enorme montón de mierda sentimentaloide que no necesito ahora precisamente. Vivo en una especie de limbo entre el año que he pasado en Praga y mi próximo destino en Barcelona que empieza en Octubre, de modo que todo esto me resulta muy extraño y probablemente solo se me pase cuando ponga el pie en algún festival de modernos y pueda bailar y hacer uso y abuso de alcohol y otros estupefacientes. Hasta entonces planeo estar en modo encostramiento [ON] y no va a haber fuerza humana o sobrehumana que me haga cambiar de estado. Lo sé, fuck my life.

Perdonen vuestras mercedes por verter aquí toda esta cháchara introspectiva y bla bla bla, pero oigan, este es mi weblog y me lo follo cuando quiero.

Mañana, el post sobre zombis que les prometí.

Post aleatorio sobre nada en absoluto

Bienvenidos una semana más a este púlpito de verdades. Como en tres horas me marcho a Budapest y es bastante probable que no vuelva por aquí en más de una semana, he decidido obsequiarles con otro de mis maravillosos posts, que como habrán deducido por el título, no hablará de nada de provecho. Esto lo hago fundamentalmente por dos razones:

  1. Porque no se me ocurre nada interesante de que hablarles, o bien es algo que implicaría buscar la foto adecuada (con su correspondiente y psicotrónico pié de foto), poner enlaces y cosas por el estilo, y
  2. Porque cada vez que me curro un post útil y original, las visitas caen y no comenta ni el Tato. En cambio, cuando hablo de los borrellones bajo mi cama o de mi visita al dentista, me avasallan las multitudes. Esto lo achaco al por otra parte comprensible morbo que provoca un individuo tan chispeante y divertido como yo, pero oigan, todo no puede ser.

Pero como hoy me siento generoso, voy a contarles lo que he estado haciendo últimamente.

Terminé mis prácticas de empresa de un año el jueves pasado, hecho este que celebré con una fiesta pantagruélica que terminó a las once y media de la mañana del domingo. Tras levantarme a las siete de la tarde, procedí a comerme un arroz con pollo al curry que estaba en mal estado y que me ha dejado con retortijones dos días (¿han probado ustedes a vomitar arroz? Es asqueroso. Los granos se quedan diseminados por todo el esófago y luego uno tiene que ir tosiendo para sacárselos de las entrañas. Si tiene suerte, es posible que uno o dos abandonen su cuerpo por la nariz), periodo que he aprovechado para verme del tirón las cuatro temporadas de How I met Your Mother. Ahora me he quedado con el mono de ver alguna sitcom mínimamente original y graciosa. Se aceptan sugerencias en comentarios.

En próximas entregas les iré desgranando (¿lo ven? granos everywhere) los pormenores de mi vida en Praga, ciudad que abandonaré en dos semanas para vivir nuevas y trepidantes aventuras Dios sabe dónde que tendré a bien de hacérselas saber aquí.

Pero eso será otro día. Procuren capear mi ausencia de alguna manera, que sé yo, relean mis archivos, visiten los enlaces o únanse al culto a Onán. Procuraré volveré en breve.

O no.

Reentrada atmosférica inminente

Normalmente, cuando este blog se queda parado por un tiempo, las visitas aumentan exponencialmente. No sé que misterioso mecanismo cósmico opera en este caso, pero desde luego resulta un tanto perturbador. Mi parte abúlica y mi parte autocomplaciente ven colmadas sus expectativas simplemente dejando este antro de depravación como el erial de arena que acostumbra a ser las más de las veces. Pero en ocasiones -contadas-, mi parte responsable se sacude los dos dedos de polvo que se le acumulan encima, se cuadra y me impulsa irremisiblemente frente al teclado de mi flamante ordenador para hacerles saber a ustedes de nuevo de mi existencia. Hoy, se habrán percatado, es una de esas ocasiones.

Esta vez no es la astenia primaveral la responsable del enésimo abandono de este sitio, sino todo lo contrario. Desde hace unas semanas vivo inmerso en una espiral de creatividad y curiosidad sin precedentes. Para que se hagan una idea, he escrito dos cuentos, un guión para un corto y he dado forma a un proyecto bastante ambicioso del que, si todo va bien, tendrán constancia en breve. También me he dedicado a consumir horas y horas de (buen) cine que tenía en abandonado en las entrañas de mi disco duro, al lado mismo de un útil manual para la creación de supersoldados cibernéticos asesinos. También, si son avispados, habrán notado que he actualizado mi biografía oficial, algo que llevaba prometiendo un par de años (empezaba a parecer un político, y oiga, eso si que no).

He viajado al siglo XIX, a la majestuosidad de la Inglaterra Victoriana. He seducido hermosas damas de la más alta alcurnia, he jugado al poker en el Gentelmen’s Club de Londres y me he batido en duelo tres veces, saliendo siempre victorioso. He recorrido el Imperio Británico en toda su extensión, y he combatido a los zulúes en Rorke’s Drift, a los sarracenos en Khartum y a los afganos en el Paso de Khyber. He regresado con la casaca roja, la bayoneta manchada por la sangre de mis enemigos y más conocimiento de la época del que ningún otro ser vivo ha tenido jamás.

También me ha dado tiempo a revisar mi archivo a fondo. Encuentro alucinante lo rápido que pasa el tiempo, hay entradas que escribí hace más de un año que recuerdo como si fuera ayer.

Tengo la sensación de que este periodo de inactividad blogeril está tocando a su fin. Mi mente bulle con un millón de cosas que contarles y una musa con la forma de Daria Weirbowy revolotea por el techo de mi habitación, susurrándome mientras duermo. La otra noche soñé que moría e iba al infierno, que para mi sorpresa consistía en una oficina del INEM gigante. La gente esperaba haciendo cola, y en ella conocía a Pete Doherty y a Carl Barât. Pete estaba furioso conmigo y me quería pegar, pero Carl conseguía tranquilizarlo y finalmente nos hacíamos todos amigos y nos íbamos a tomar unas cañas, pero como aquello era el infierno nos daban Cruzcampo. Me desperté gritando, empapado en sudor y con el regusto de aquel mejunje venenoso todavía en mis labios. Si aquello no era una señal de que debía postear aquí inmediatamente, no sé que puede serlo.

Permanezcan a la escucha y no separen la vista de su lector de feeds habitual, les quiero prestos aquí para regocijarse en mi siguiente diatriba. Ahora, vuelvan a lo que estaban haciendo.

Pórtense bien en mi ausencia.

Asco de juegos para Mac

Llevo dia y medio intentando descargar (ilegalmente, por supuesto, que clase de persona sería si no) algún juego de la saga Age of Empires para Mac, pero nada. O bien están en un millón de partes y con password o bien directamente no existen. Así que si algún alma caritativa que lee este blog sabe de algún sitio donde se pueda encontrar tan preciado material, que me lo haga saber y será recompensado con un puesto de poder cuando instale el Nuevo Orden.

Me la suda si es el I, el II o el III. de hecho, casi que tengo especial fijación al primero de la saga ya que fue el primer juego al que jugué cuando me compraron un ordenador por primera vez. Y no me digan que escuchar al monje haciendo “Wololoooo” no les arranca una lagrimilla de emoción.

Me he descargado el Fallout 2, pero no me atrevo a jugar a sabiendas de que el Fallout 3 ya hace que está en el mercado y los señores de Bethesda no les ha salido de la punta del cimbrel el hacer la versión para Mac. Ahí les pille una avalancha de mierda en un callejón sin salida, hombre ya.

En otro punto de las cosas, mi tiempo libre lo dedico a:

  • Tomar el sol junto al lago.
  • Alcoholizarme
  • Viajar mucho a Alemania
  • Tomar calmantes para el dolor de espalda
  • Contribuir a la Sociedad para el Fomento del Vicio
  • Preparar pliegos de plantas de Papúa Nueva Guinea
  • Instalar aplicaciones inútiles en el iPod Touch
  • Desinstalar aplicaciones inútiles del iPod Touch
  • Alcoholizarme
  • Tener resaca
  • Comer queso frito
  • Descubrir blogs exquisitos cadáveres como este
  • Yasta

Como les he comentado, su ayuda será apreciada. Prometo bailar una sardana en la Plaza del Castillo a quién me ayude en tan noble y loable tarea. Así que denme un poco de feedback, ciudadanos.

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Aeyooo yo yo, aeyoooo yo yo, wololoooo!

The Nail story

La historia que les voy a contar hoy empieza hace tres años a las puertas de un concierto de los Futureheads. A mi los Futureheads me la soplan bastante, pero era el primero de una serie de conciertos que componían un festival que no voy a nombrar aquí para no hacer publicidad de Benicassim.

El caso es que, hallábame yo a las puertas del recinto esperando a su apertura cuando estas se abrieron y toda la gente que se encontraba allí se abalanzó hacia dentro como una marea de zombis ansiosos por comerse los celebros de un grupo de superv… si, vale, me estoy repitiendo. Bueno, pues en ese momento, cuando toda la gente entró en tromba para ponerse en primera fila, un GNA* me pisó el pié con tanta fuerza que me dejó clavado al terreno durante varios segundos.

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El momento del suceso, tal y como señalan los registros del instituto sismológico de Denver.

Pude cojear abriéndome paso entre la multitud hasta un lugar seguro, solo para comprobar que mi uña antes esbelta y poderosa ahora presentaba un nada saludable tono morado-azulado. Este incidente me relegó a ver el resto del festival desde debajo de la valla de los VIP, donde un montón de pogres famosetes me arrojaban los restos de su comida.

Por supuesto, la uña se me infectó (a mí todo se me infecta, siempre. Tengo el convencimiento de que moriré comido por la gangrena tras arrancarme un padrastro). La cosa no hubiera pasado a mayores si no hubiese sido porque un día, tomando un helado, un amigo (que en aquel entonces contaba con 122 kilos de peso) pateó accidentalmente mi dedo gordo, haciendo que la uña se levantara como la tapa de un dispensador de caramelos Pez, dejando salir un mar de sangre y pus entre mis maldiciones y recuerdos a su familia.

La uña, claro, se cayó. Un par de semanas después la superficie expuesta se había queratinizado y la nueva sucesora pudo crecer sin mayores problemas. Hasta que llegó al final del dedo y entonces decidió que, además de crecer hacia delante, también debería crecer hacia los lados, porque no. Claro, el problema es que a los lados está la carne, así que tenemos lo que comunmente se conoce como un uñero. Y aquí llegamos al meollo de la historia.

Hace un par de semanas, el dedo gordo se me infectó debido al susodicho uñero. Lo normal, lo que toda la gente hace en este tipo de situaciones es bajar a la farmacia y comprar un poco de alcohol para desinfectárselo. Fácil, ¿no?

Pues no. En Praga NO.

Porque, cuando fui yo a pedir un poco de alcohol etílico, la farmacéutica me miró como si le estuviera pidiendo que me vendiera vodka. Que no, señora, alcohol de desinfectar. Desinfection alcohol, you fuckin’ asshole. Nada, que ni así. Estuve unos veinte minutos intentando explicarle que solo quería desinfectarme el dedo, pero la mujer se limitó a hablarme en checo mientras agitaba los brazos, así que desistí de mi empeño, no sin antes soltarle un par de palabritas que a buen seguro no iba a entender.

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¿Lo ve, no es tan dificil? Alcohol, joder, A-L-C-O-H-O-L. Hostias ya!

Tuve que recurrir a un compañero de curro que es checo y sabe hablar inglés para ir a una farmacia y conseguir algo para desinfectarme el dedo. Y aún así lo único que obtuve fue betadine.

Se preguntarán ustedes por que les cuento toda esta monserga solo para acabar diciendo algo tan nimio como que no pude comprar alcohol. Pues bien, básicamente por dos razones, 1) para que comprendan lo difícil que es conseguir cualquier cosa aquí en la República Checa (otro dia les hablaré de los cajeros automáticos, que también son la risión) y 2) porque a veces me maravillo a mi mismo de lo mucho que puedo escribir sin contar prácticamente nada. Si en lugar de uñas hablase de templarios, seguro que ya sería rico.

Hale, pórtense bien en mi ausencia.