Archivo de la Categoría 'Melomanía Intravenosa'

The Kids at the Club: An Indiepop Compilation

(Esta entrada se publica simultaneamente aquí y en McShine’s Inferno)

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(Click en la foto para acceder al enlace)

Ayer me pasé toda la tarde buscando y recopilando las 19 canciones que forman el recopilatorio The Kids at the Club, lanzado en 2006 por el sello discográfico londinense How Does It Feel To Be Loved.

La edición física está agotadísima, y de hecho es casi imposible hacerse con la edición digital, ya que incluso en iTunes el disco no está completo y no se puede comprar como tal, sino que hay que hacerlo canción por canción. De encontrarlo en descarga directa por internet ya ni hablamos.

Así que, como les he contado, me he tomado la molestia de rastrear, localizar e incluso comprar cada una de las canciones para recomponer el álbum original y compartirlo con ustedes, jóvenes lectores (y ya de paso inaugurar una nueva categoría a la que he llamado “las alucinantes descargas del tío McShine”). Les recomiendo encarecidamente su audición porque se llevarán más de una sorpresa.

Y para acabar, la pertinente nota de descarga de responsabilidades: la descarga de este material es únicamente con fines evaluativos. El usuario se compromete a borrar el material después de su audición. No hacer esto implicaría la condenación de su alma para ser esta torturada eternamente por demonios con forma de agentes de la SGAE. Allá usted y su conciencia.

Que lo disfruten.

It’s always raining in Czech Republic

Ultimamente he detectado en la internete un revuelo inaudito con el lanzamiento de la cosa esa llamada Spotify, que por lo que parece ser es un servicio que te permite escuchar música en streaming (es decir, sin descargar). Ya he visto a gente tirar a la papelera de reciclaje toda su colección de música mientras se masturbaban con queso robado pensando en lo superguay del programita en cuestión.

Bueno, aquí su humilde servidor no puede opinar del invento más allá de lo que he leído en la Wikipedia y en varios blogs de por ahí. Pero, sinceramente, no sé en que se diferencia de Deezer, de la que tanto he hablado aquí y en otros sitios. Vale que la página en cuestión era (y supongo que sigue siéndolo) menos de fiar que Andrés Pajares en los aseos de una discoteca y que de tanto en tanto la mitad de las canciones se bloqueaban, pero últimamente todas las canciones vuelven a estar disponibles para uso y disfrute de gente tan estupenda como yo. Así que básicamente, no entiendo a que viene tanta algarabía.

Pero igual me equivoco (aunque sería la primera vez en mi vida que me equivoco en algo, así que tampoco creo), porque, como les he contado, no he probado el programita, y todo gracias a esto:

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No vean como me jode lo de “your country”

Sí, amiguitos. Aquí en la República Checa no funciona nada. Veoh está censurado, la mitad de videos de YouTube “no están disponibles en su país”, y así un largo etc. Algo en mi interior me hace sospechar que un organismo similar a la SGAE pero en checo (me aterra pensar el nombre que puede tener aquí, donde palabras tan simples como helado se llaman smrzlina, terrible, espantoso, a donde vamos a llegar) anda detrás de toda esta mierda.

Y para colmo, hace un frio de pelotas. Y sí, ya se que en España están a veinticinco putos grados y todo el mundo está en la playa disfrutando de un delicioso tinto de verano mientras cultivan su particular colección de melanomas. No sé como no se les cae la cara de vergüenza. Ingratos.

Que asco de país, copón.

Auge y declive de Mando Diao

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Chupas de cuero y guitarras molonas y la gente se olvida de que somos más feos que pegarle a un padre con un calcetín sudado…

Sé que les prometí un post sobre cine apocalíptico actual, pero en su lugar voy a hablarles de algo totalmente distinto. Esto lo hago para mantener el interés de los lectores con sorprendentes y chispeantes giros de guión que nadie esperaba, al más puro estilo Shyamalan. Waah! Ohh! Fiu! Y ahora repónganse que voy a hablarles de la historia de uno de mis grupos favoritos, Mando Diao.

Cuando vives en un pueblucho dejado de la mano de Dios en mitad de Suecia solo puedes hacer dos cosas; suicidarte o montar una banda de garage rock con todas las de la ley. Es un hecho contrastado que en los paises nórdicos la música es mucho mejor que aquí simplemente porque allí lo de hacer botellón a 35 grados bajo cero no es lo que se llama una moda entre los jóvenes, por lo que en su lugar suelen encerrarse en locales de ensayo para perpetrar rifts y punteos con la misma facilidad que aquí ingerimos litros y litros de bebidas espirituosas varias. Y así va el mundo.

A mediados/finales de los 90 hubo una expolsión de grupos de garage que por desgracia pasó bastante desapercibida en general, en parte porque entonces aún coleteaba el grunge en el resto del mundo y porque aquí en España lo que triunfaba era… bueno, todos sabemos lo que triunfaba por aquí en aquel entonces.

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Ahora parece ridículo, pero llegó a hacerle la competencia a Nirvana…

Uno de esos grupos era Mando Diao. Su primer disco, Bring ‘em in, era una jodida obra de arte, y ellos tampoco se quedaron cortos a la hora de hacer declaraciones del tipo “La verdad es que creemos que nuestro disco es mejor que cualquiera de los Who. O de los Kinks, o Small Faces, en realidad. Incluso es mejor que muchos de los Rolling o los Beatles.” Hale pues.

Si ustedes son gente con un mínimo de criterio habrán escuchado, al menos, Sheepdog, Motown Blood o The Band. En aquel entonces no llegaron a ser muy conocidos, pero al poco tiempo, con el petardazo de los Strokes, el género se volvió a poner de moda y los suecos disfrutaron de, al menos, una porción del éxito que se merecían, lo que les permitió sacar su segundo album, Hurricane Bar, menos trallero pero con canciones como God Knows o You can’t steal my love, la mejor canción de amor de todos los tiempos, y eso que yo detesto las canciones de amor como si fuesen libros de Bjorn Longborg.

En 2006 sacaron su tercer disco, Ode to Ochrasy, donde ya se notaba el cambio en su estilo. Seguía siendo garage, pero muchas canciones eran melódicas y pastelosas. El disco no estaba del todo mal y se salvaban bastantes canciones, como Long before Rock’n Roll o Morning Paper Drift. Pero ya era otro rollo. Cuando fui a verlos en 2007, me dejaron bastante frio (frio es un decir, la verdad es que hacía 52ºC a la sombra, y eso que era de noche). No tocaron nada del primer disco, no hicieron bises y lo más importante, no vi la garra esa que tanto se prometían. La explicación vino unos meses después, con su cuarto y hasta la fecha último disco, Never seen the light of day, malo a rabiar.

No voy a decir por que era malo, tendrán que descubrirlo ustedes. Bájense la discografía y escúchenla en orden cronológico. Descubrirán una sensación solo comparable a que una montaña rusa se pare de repente en mitad de un looping. Solo así podrán hacerse una idea de lo que de verdad implica la palabra decepción.

Ya no espero nada. Quizá se arreglen en su quinto disco, quizá ya no saquen nada más. Yo, por mi parte, me quedo con The Hives que también son de Suecia y que no han perdido ni un ápice de su nervio. Y que me cuelguen si algún día lo hacen.

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¿Quién se rie ahora, Dixgard?

P.D. No les pongo los enlaces. Tendrán que buscarse la vida, malditos holgazanes.