Archivo de la Categoría 'El Ruido y la Furia'

It’s always raining in Czech Republic

Ultimamente he detectado en la internete un revuelo inaudito con el lanzamiento de la cosa esa llamada Spotify, que por lo que parece ser es un servicio que te permite escuchar música en streaming (es decir, sin descargar). Ya he visto a gente tirar a la papelera de reciclaje toda su colección de música mientras se masturbaban con queso robado pensando en lo superguay del programita en cuestión.

Bueno, aquí su humilde servidor no puede opinar del invento más allá de lo que he leído en la Wikipedia y en varios blogs de por ahí. Pero, sinceramente, no sé en que se diferencia de Deezer, de la que tanto he hablado aquí y en otros sitios. Vale que la página en cuestión era (y supongo que sigue siéndolo) menos de fiar que Andrés Pajares en los aseos de una discoteca y que de tanto en tanto la mitad de las canciones se bloqueaban, pero últimamente todas las canciones vuelven a estar disponibles para uso y disfrute de gente tan estupenda como yo. Así que básicamente, no entiendo a que viene tanta algarabía.

Pero igual me equivoco (aunque sería la primera vez en mi vida que me equivoco en algo, así que tampoco creo), porque, como les he contado, no he probado el programita, y todo gracias a esto:

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No vean como me jode lo de “your country”

Sí, amiguitos. Aquí en la República Checa no funciona nada. Veoh está censurado, la mitad de videos de YouTube “no están disponibles en su país”, y así un largo etc. Algo en mi interior me hace sospechar que un organismo similar a la SGAE pero en checo (me aterra pensar el nombre que puede tener aquí, donde palabras tan simples como helado se llaman smrzlina, terrible, espantoso, a donde vamos a llegar) anda detrás de toda esta mierda.

Y para colmo, hace un frio de pelotas. Y sí, ya se que en España están a veinticinco putos grados y todo el mundo está en la playa disfrutando de un delicioso tinto de verano mientras cultivan su particular colección de melanomas. No sé como no se les cae la cara de vergüenza. Ingratos.

Que asco de país, copón.

Miedo. La ciudad rebosa miedo.

Iba a hablarles de mi fin de semana en Ámsterdam completamente gratis cuando ha saltado la alarma en mi lector de feeds y he visto algo que me ha puesto de muy mal humor.

Les hablo, por supuesto, de la adaptación española de la serie británica Life on Mars, de la que ya les hablé aquí. Por supuesto, y siguiendo la tónica del post anterior, la versión patria se llama “La Chica de Ayer“, y en lugar de estar ambientada en 1973 lo estará en la transición (oh, sorpresa).

Pero lo que no me ha molestado es esto, que ya sabía desde hace tiempo. No, lo que me ha molestado es que Antena 3 (la cadena amiga, ejem, ejem) haya sacado la primera promo de la adaptación, es decir, esto de aquí:

Si no conocen la versión original es posible que no le estén sangrando los ojos ahora mismo, por lo que podrán comparar a continuación:

Miedo. Asco. Vergüenza ajena. Son las tres sensaciones que me produce la promo, en ese estricto orden. Ernesto Alterio no es John Simm ni de lejos y su voz en off es simplemente patética (joder, casi parece hecha mal a propósito). La cabezera es cutre a más no poder, nada que ver con la original. La escena del atropello y el subsiguiente vuelo del protagonista son HORRIBLES. Todo en la promo es cutre. Absolutamente todo. Para colmo han mutilado y pervertido la famosa frase que identificaba la serie británica:

“My name is Sam Tyler. I had an accident, and I woke up in 1973. Am I mad, in a coma, or back in time? Whatever’s happened, it’s like I’ve landed on a different planet. Now, maybe if I can work out the reason, I can get home.”

También tiene cosas buenas. Sale Manuela Velasco. </cosas buenas>

Veré el piloto solo por curiosidad. Quizás me equivoque. Pero algo me dice que será una experiencia bochornosa.

Lost in Translation

Cuando el otro dia me preguntaron en los aseos de una discoteca de Praga que por que no actualizaba el blog me di cuenta de que quizás, solo quizás, estoy dejando esto un poco abandonado. Así que he decidido hacer de tripas corazón y estrujarme el celebro para mayor regocijo de sus mercedes (o de sus audis, o de sus BMWs. Dios, que gracioso soy).

Tranquilos que no les voy a hablar del bodrio infumable de película cuyo título he robado para el post de hoy, sino de uno de esos temas totalmente random sobre los que suelo despotricar entre cerveza y cerveza (y no, no estoy borracho. Aún). Pero en lugar de someterles a una tediosa explicación de la temática de la entrada de hoy, permítanme obsequiarles con un relato (en forma de guión cinematográfico) que se me ocurrió el otro dia en la ducha y que ilustra perfectamente la idea:

[INTERIOR DESPACHO DE UNA DISTRIBUIDORA DE CINE ESPAÑOLA CUALQUIERA]

Un grupo de empleados perfectamente engominados, guapos, elegantes se sienta en una mesa larga de caoba presidida por el JEFE. Frente a ellos, vasos de soda y un montón de papeles.

[JEFE]: A ver, ¿que tenemos hoy?

[EMPLEADO#1]: Pues nos han encargado la distribución de esta película (mientras levanta una copia de Shaun of the Dead)

[JEFE]:¿Qué es eso?

[EMPLEADO#1]: Es Shaun of the Dead. En la sinopsis dice que es una comedia romántica con zombis y…

[JEFE]: ¿De zombis eh? Pues la llamaremos Zombi.

[EMPLEADO#2]: Emmm… disculpe señor, pero ya pusimos ese título a otras tres películas. La productora nos ha pedido expresamente que no lo volvamos a hacer, y han insistido en que hagamos ver que se trata de una comedia y…

[JEFE -dando un puñetazo en la mesa-]: ¡Produtoras! ¡Que sabrán ellas! ¡¿Acaso voy yo allí a decirles como tienen que hacer si trabajo?! Pandilla de… en fin, lo que sea. Pensad algún título, gandules, que para algo os pago.

[EMPLEADO#1]: Puesss… es una comedia… y salen zombis…. ¿muertos de risa?

[JEFE]: ¡Maldita sea, es usted un genio!

[EMPLEADO#2]: Emmm… lamento interrumpir, pero esa es una película de Alex de la Iglesia que…

[EMPLEADO#1]: Ya está el tocapelotas que todo lo sabe.

[JEFE]: Bueno, bueno, tranquilos. Venga, más ideas.

Silencio durante algunos minutos, solo interrumpido por algún carraspeo nervioso.

[EMPLEADO#3]: ¿Que tal La Fiesta de los Muertos?

[EMPLEADO#4]: O El Deseperar de los Muertos

[EMPLEADO#1]: O mejor aún, Locas Aventuras Zombis

[EMPLEADO#2]: ¿Y porqué no lo dejamos como está?

Se hace el silencio. Todos bajan la vista menos EMPLEADO#2 y el JEFE.

[JEFE]: Está despedido.

[EMPLEADO#2]: ¡¿Como?!

[JEFE]: Recoja sus cosas y márchese.

[EMPLEADO#2]: ¡No puede despedirme por sugerir dejarlo en inglés! ¡Eso es simplemente…

[JEFE -por el interfono-]: ¿Seguridad? Apliquen el procedimiento estandar.

Aparecen dos guardias fuertemente armados, con ametralladoras al hombro. Agarran al EMPLEADO#2 y lo llevan a rastras a una habitación anexa, entre sus airadas protestas. Se cierra la puerta de la habitación y se escuchan dos ráfagas amortiguadas. Las protestas cesan. Se hace el silencio entre los empleados, que se miran entre sí.

[JEFE]: ¿Alguien más quiere sugerir dejarlo en inglés? ¿No? Ya me lo imaginaba. Si he llegado donde estoy ahora es porque sé que es lo que los españoles quieren. ¿Se imaginan ustedes yendo a ver esta película y no pudiendo entrar prque son incapaces de pronunciar su nombre? ¡Yo solo miro por el hombre de a pié, el ciudadano medio, el español de bien, maldita sea!

El resto de los empleados asienten.

[JEFE]: A ver, usted -señalando al EMPLEADO#3-. ¿Como había sugerido?

[EMPLEADO#3]: Hmmm… ¿La Fiesta de los Muertos?

[JEFE]: Me gusta, pero le falta algo… no se, no tiene glamour… ¿Que tal si lo ponemos en inglés, Zombies Party? Suena guay, ¿eh?

[EMPLEADO#3]: ¿Pero no había dicho que no…?

[JEFE -acercando el dedo al botón del interfono-]: ¿Alguna objeción?

[EMPLEADO#3]: No, no, ninguna, ninguna. Tiene usted razón como de costumbre, jefe.

[JEFE]: Por supuesto. Recordadlo y algún dia llegaréis a lo más alto.

Todos sonríen y se felicitan por otra trabajo bien hecho. El jefe coloca los pies sobre la mesa y se enciende un Montecristo nº2.

[FUNDIDO A NEGRO]

Me dejo para otro día la historia de como eligieron la tagline “una noche de muerte” cuando la película entera transcurre a pleno día. Podría seguir así con flagrantes ejemplos como Arac attack (Eight legged freaks), ¡Paso de ti! (Forgetting Sarah Marshall) o ¡Olvídate de mí! (Eternal sunshine of the spotless mind). Pero creo que el caso más flagrante es el de un telefilme de esos de Antena 3 que llevaba por nombre “El peor enemigo del perro más listo“. Su nombre en inglés, “Watchers“. Impagable, oiga.

Normalmente pienso que la pena de muerte está mal, pero entonces me acuerdo de estos simpáticos señores y pienso que una lapidación pública con excrementos de vaca resecos de vez en cuando tampoco sería tan malo. ¿No?

Y hasta aquí mi perorata de hoy. Permanezcan en sintonía para nuevas y ultradivertidas historias.

Buena suerte, ciudadano.

P.D. No, hoy no hay foto. Sean buenos y llénenme el buzón de comentarios y a la próxima prometo ponerles dibujitos de esos que tanto les gustan. Hale, vuelvan a sus quehaceres.

Miedo y asco en Valencia (parte II)

o “Porqué matar debería ser legal en según que supuestos”

Piensen en la de cosas que podrían hacer con 150 euros. Podrían ir 30 veces al cine, comprarse un DVD nuevo, viajar a Londres. Podrían gastarselo en contratar los servicios de una meretriz de calidad media-alta, o directamente montarse una orgía con simples putas del puerto. Podrían comprarse un iPod, tres pares de Converse, ir a dos festivales de música. Joder, incluso podrían pagar las cañas de toda una semana. ¡Una semana, por el amor de Dios!

Pero el mundo no es justo, como ya dije en su día. Y yo lo sé mejor que nadie, por eso estoy aquí y no en una réplica de la mansión Playboy disfrutando de los réditos del dinero que cierta panda de incompetentes me perdieron en su dia. Pero continuemos con mi historia, que sé que lo están deseando, caray.

Nos habíamos quedado con un servidor adentrándose en las profundidades de ese redil de funcionarios llamado Secretaría de Biología. Llegué al escritorio de Mari Carmen (que es un pseudónimo, no porque pretenda preservar la identidad de tan nauseabundo ser, simplemente porque no me acuerdo de su verdadero nombre) cuando, al ir a contarle la ordalía por la que atravesava en tan aciago momento, una mujer con cara de bruja apareció por la puerta anunciando que era hora de desayunar. Sé que pensarán que, llegados a este punto, estoy dramatizando en demasía los hechos. Pero nada más lejos. Esto les juro que es verdad. Por lo que más quiera. Lo juro. Que me caiga ahora mismo un rayo positrónico si miento.

La tal Mari Carmen, consciente de que yo había estado esperándola en vano tres cuertos de hora, me soltó un “va, espabila a lo que tengas que decirme que me quiero ir a comer“.

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Piensa en un lugar mejor, piensa en un lugar mejor…

Tras barajar el arrancarle la traquea y matar con ella a golpes al resto de funcionarios, decidí que era mejor el armarme de paciencia (ah, craso error, amigo mío, ya te dije que eso no servía de nada… espera, ¿estoy hablando conmigo mismo? en fin, sigamos) y contarle mi singular historia. Ella miró en un ordanador y me dijo que (ah, sorpresa) ellos habían enviado la documentación al CADE y que si acaso la culpa era de los otros, que no la habían recibido o que la habían perdido.

A mi todo esto empezaba a resultarme un tanto kafkiano. Vamos, que si al día siguiente me hubiera despertado siendo una cucaracha de dos metros lo hubiera encontrado hasta normal.

En un último intento, llamé al CADE. Les expliqué mi situación, les supliqué, amenacé, les dije que ya estaba hasta los huevos y que alguien tenía que solucionar todo aquello o me iba a enfadar mucho y alguien iba a poner flores an alguna columna de algún edificio de la Universidad. Me dijeron que me llamarían cuando supiesen algo. Y me llamaron, ya lo creo. El día 30 de Junio.

Oye mira,- me dijo el tipo del CADE- ya sabemos lo que ha pasado. Resulta que tus papeles llegaron cuando hacíamos el traslado de archivos y… bueno, pues que se perdieron. Así que lo que puedes hacer es enviarnos otra vez el justificante como que estuviste en esa salida de campo y el recibo de matrícula de el año pasado. eso sí, tendrás que darte prisa porque mañana 1 de Julio cerramos por vacaciones.

O dicho de otra manera:

 

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Evidentemente, no recuperé mi dinero. El mundo siguió girando, el verano pasó y de mis 150 € nunca jamás se supo. No tenía tiempo ni ganas de emprender de nuevo en setiembre todo aquello, así que simplemente me encogí de hombros, apunté algo en mi libreta y me puse a pensar en otros asuntos.

Y esta es la triste y esteril conclusión de mi historia. Pero no se confundan. Puede que Mari Carmen y sus compinches duerman hoy con la conciencia limpia sobre un apacible colchón viscoelástico, ignorantes de su nefando destino. Ignorantes de que, gracias a su aparentemente monótona rutina de funcionarios, han sembrado la semilla del odio, el rencor y la amargura en toda una generación de estudiantes. Y de que, como decía Belén Esteban, a todo cerdo le llega su San Bernardo.

Y créanme si les digo que algún día, puede que no hoy ni tampoco mañana, unos colegas y yo nos juntemos, nos pongamos de mescalina hasta las cejas y decidamos ir a divertirnos a la Secretaría de Biológicas. Y ese día habrá regocijo en el mundo, ya lo creo que sí.

(Sustitúyase las plantas por funcionarios)

Dormid, dormid, angelicos.

Miedo y asco en Valencia (parte I)

o “Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la Burocracia”.

Esta es la historia de como la Secretaría de Biológicas de la Universidad de Valencia se quedó con 150€ que eran míos. Es una historia trágica, desgarradora y cruel, pero con un punto de ironía y humor sardónico propio de las comedias negras. Y es que la vida te da lecciones, y yo estoy aquí para compartir con todos ustedes estas maravillosas experiencias. Acompáñenme en un viaje que les demostrará que la paciencia y la perseverancia son dos de los instrumentos más inútiles de la existencia, y que todo nos iría mucho mejor si en su lugar usásemos gasolina y pólvora.

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¡Oh, que magnífico y apropiado final! ¡Que brillante conclusión! ¡Bravo! ¡Bravo!

Los hechos que preceden a esta trepidante aventura se remontan tres años atrás en el tiempo, y aproximadamente 1120 km en el espacio, independiéntemente de donde se encuentren ustedes ahora mismo. Al regreso de un viaje a los Pirineos con la universidad pagado de nuestro propio bolsillo (eso sí, había que ir si uno quería aprobar), los allí congregados decidimos hacer una bolsa de viaje ya que la universidad nos había prometido reintegrarnos parte del dinero (oh, gracias, magnánimos hijos de puta). Tras enviar todos los papeles pertinentes a través de secretaría, un servidor aparcó el tema en algún oscuro y polvoriento rincón de su mente para volver a concentrarse en sus malvados planes de conquista y dominación.

Aproximadamente un año después…

Encontrábame yo absorto en mis quehaceres cuando de la nada apareció una bella fémina a la que yo vagamente recordaba de haber visto en clase. Antes de caer rendida a mis brazos suplicándo sexo me pudo contar que hacía tres meses que había recibido una carta informando de que la Universidad había decidido devolver 150€ a cada estudiante que hubiera participado en la citada excursión. Este hecho me dejó furioso a la par que desconcertado. ¿Por que yo no había recibido tal misiva?

Tras comprobar que, en efecto, todos menos yo eran 150€ más ricos, me dirigí hacia el DISE (que es el sitio que gestiona las becas y otras cosas por el estilo) exigiendo saber donde estaba mi dinero. Ellos me contestaron que eso tenía que hablarlo con el CADE, organismo gemelo univitelino del DISE pero situado donde Cristo perdió la zapatilla, solo por joder.

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Gráfico explicativo. Las distancias son aproximadas.

Para añadir emoción al asunto, todo esto me sorprendió en plena época de exámenes, por lo que no me sobraba el tiempo, precisamente. Aún así, decidí perder una mañana saltando de metro en metro hasta llegar a las oficinas del CADE, donde me dijeron que ellos no sabían nada, que tenía que ir a hablar con secretaría (situada al lado del DISE, bieeeen), que es donde entregué los papeles.

Antes de continuar, quiero dejar clara una cosa. A partir de aquí y hasta el final del post, la vena de mi frente se iba hinchando a razón de un centímetro por párrafo. Ténganlo en cuenta, porque es importante.

Llegué a mi destino exhausto y cabreado. Aporreé fieramente la puerta y un empleado enjuto y pusilánime asomó la cabeza.

- Mire usted,- le dije- me ha ocurrido esto. ¿Pueden ayudarme?

- Aham, pero eso tienes que hablar con Mari Carmen, que es la que lo lleva, y que ha salido un momento a tomar un café. Puedes esperarla si quieres.

Así que me senté en el pasillo y esperé. Esperé 30 minutos. Luego 10 minutos más, y entonces me cansé de esperar, y volví a aporrear la puerta, y nuevamente apareció el mismo personajillo.

- Llevo tres cuertos de hora esperando a Mari Carmen. Tres cuertos de hora es mucho tiempo para tomar un café. Donde… está… Mari Carmen.

Dije esto último con sumo tacto para evitar aplastar la cabeza de aquel individuo, que se limitó a mirame con ojos frios y muertos, tras lo cual volvió la cabeza hacia la sala y gritó:

- ¿Alguien ha visto a Mari Carmen?

- ¡Pero si estoy aquí!- contestó una voz al fondo de la habitación.

- ¡Uy, que cosas, si resulta que estaba aquí todo el rato!

[Un golpe seco. Sonidos de dientes desgarrando carne. Aullidos. Un cristal que se rompe. En la lejanía, una mujer grita. Sirenas de policía en la distancia]

- Ah… vaya… que cosas- acerté a decir.

Y me adentré en la secretaría de la Universidad de Valencia.

¿Cómo acabará esta historia? ¿Me devolverán los 150€? ¿Asesinaré violentamente a varios funcionarios? ¿me enfrentaré con la policía? ¿me arrojaré desde lo alto del edifició de secretaría?

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¡Dios mío! ¡Allí arriba! ¿Que va a hacer? ¿Se va a tirar?

No se pierdan las respuestas en la próxima y trepidante entrega de Miedo y asco en Valencia. ¡Porque la burocracia siempre puede ser más divertida!

 

 

 

Crítica Social

Se suponía que tenía que escribir un post sobre los perroflautas, pero en su lugar he decidido escribir uno que les va a joder igual y que encima molestará a más gente. Así de paso inauguro una nueva sección llamada “Haciendo Amigos” en la que me voy a dedicar a causar estragos entre los meapilas y pogres políticamente correctos para mayor regocijo de mi público más ácido y chispeante, que es para quien escribo, al fin y al cabo.

Así que empecemos con el cine español.

No se vayan a pensar que voy a empezar con el típico tópico (¿han visto que juego de palabras tan gracioso? Demonios, hoy estoy inspirado) de “el cine español es una mierda“, que lo es, pero que al fin y al cabo no deja de ser otra vertiente más de la poco conocida Ley de Sturgeon. Lo que verdaderamente me jode de este tema es que, en este mágico país, toda la producción audiovisual se centra en hacer, única y exlusivamente, dos tipos de películas: las de adolescentes salidos y las de crítica social.

Las de adolescentes salidos nos las conocemos todos. Son pretendidamente comedias consistentes en cuatro postadolescentes salidos sacados de Al Salir de Clase o sucedáneos similares que se dedican a pegar polvos con actrices de la misma serie y cuya única finalidad es ver mamellas. Jo jo, que risa, como nos reimos. Siguiente.

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El cartel promete un despiporre contínuo. Entre Children of Men y esta, yo lo tendría claro.

Las del segundo tipo son el llamado Cine Social o películas de Crítica Social, es decir, lo que sale en los programas de sucesos de Tele 5 o Antena 3 pero con (supuestamente) un guión. Estas son las que más me molestan, y les voy a explicar porqué, antes de que empiecen a atosigarme con que no tengo corazón ni conciencia social y me dedico a alimentar a gatitos recién nacidos con cristales rotos.

Me jode porque estas películas tratan a la audiencia como si fuera idiota. Vamos a ver, si quieres que la gente piense, no se lo des todo masticado y babado como si fuésemos retrasados. Hay mil veces más crítica a la sociedad en un solo fotograma del Están Vivos! de Carpenter que en toda la filmografía de Bigas Luna. Además, ahora parece que dan puntos si metes más clichés por película. Es como en la última peli de Julio Medem, la de Cacótica Ana o algo así, en la que en una misma película se juntaban maltrato, saharauis, la guerra de Iraq, gente con rastas y Bebe. Si ya me caía mal Medem después de ver la mitad de la peli (no pude con el resto, lo siento) decidí que lo mejor que podían hacer con este cineasta era lapidarlo públicamente con zurullos de rinoceronte compactados hasta alcanzar la densidad adecuada. Pero claro, es lo que tiene pertenecer a una industria pogre, que cuantos más clichés metes más premios te dan (fíjense además que los premios se los dan ellos mismos, bonus de mil puntos por incongruencia y petulancia).

Yo personalmente estoy asqueado de ver siempre la misma historia una y otra vez, interpretada siempre, además, por los mismos actores, Resines, Maribel Verdú, Fran Perea o el cani retrasado ese de “El Bola“.

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“JajA, JeNny tIA cOmo T PaSAs loKaaaaaa¡¡¡¡¡”

Luego la gente se extraña de que los buenos directores, como Fresnadillo o Álex de la Iglesia se vayan al extranjero a hacer buenas películas. Cuando el gremio deje de mirarse el ombligo y de darse premios los unos a los otros, quizá la cosa mejore. Lo que no se puede hacer es culpar siempre al cine americano. Recuerdo con especial admiración a un directorzuelo que fue tan imbécil de, tras ver como su zurullo de película fracasaba estrepitosamente, justificarse aduciendo que el público español estaba agilipollado y solo quería ver pelis de Hollywood. Bravo. Bravo, bravo y bravo. No es que tu película sea tan mala que no vaya nadie a verla, es que los espectadores somos imbéciles.

Y lo siento, pero el cine de Hollywood será todo lo que ustedes quieran, pero ha producido miles de obras maestras. Miles. Desafío al sector más crítico de mis lectores a que me citen una película española que sea mínimamente comparable a, por ejemplo, Uno de los nuestros. Venga, les estoy esperando. Es así, Noruega siempre pescará mejores salmones, Rusia destilará mejor vodka y USA filmará mejores películas.

Bueno, aquí lo dejo. Les aguardo en los comentarios con los guantes puestos. Tengo los cinco sentidos alerta y esta noche he dormido. Venid a por mí.

Y si alguien se ha sentido ofendido, solo tengo una cosa que decirles:

Desaparece Stage6

imagen-1.pngAhora que ya me he repuesto del shock, creo que es hora de comentar más serenamente uno de los acontecimientos más tristes de la semana.

Stage6, el mayor portal de vídeos en alta calidad, cierra hoy sus puertas. Para los desgraciados que no la conozcan (ya pueden ir a darse de latigazos por tamaño error), el portal era una especie de YouTube pero con material de calidad que bien se podía visionar en streaming o bien descargar directamente a su ordenador. Yo mismo he puesto muchos enlaces a alguno de sus canales.

Los motivos que han dado los responsables de la página han sido, como no, la falta de financiación. Y es que nadie quiso comprar el sitio, como sí ocurrió con YouTube. Así que hala, carretera y manta.

Supongo (espero) que esto solo haya sido un precedente que abra un nuevo torrente de sitios similares y mejorados, como ocurrió con Napster. Pero ya veremos. Viendo como ha triunfado el Myspace y el fotolog yo no doy un duro por el buen gusto en internete.

En fin, lo dicho, una lastima. Apúrense a descargar cuanto material puedan, que mañana ya será imposible. Se acabó lo que se daba.

Hale, buenas noches y buena suerte.

The Angry Mob

Llegas a la biblioteca y no hay sitio donde sentarse. Muchas mesas están abandonadas a su suerte, sin nadie sentado en sus sillas pero llenas de apuntes, como sellos invisibles pero inquebrantables. La vena de tu frente empieza a palpitar mientras se apodera de ti la certidumbre de que seguirán así toda la mañana.

En las escaleras hay gente estudiando. Gente sentada en las escaleras. Pijas sentadas en las escaleras, con sus apuntes sobre los escalones. ¿Es que no tenéis casa? ¿No habrá en todo el campus, que será que es pequeño, una mesa que tenéis que venir aquí a sentarse en medio de las escaleras? ¿O es que queréis que todo el mundo sepa que estáis ahí? ¿No os basta con esos tacones de quince centímetros que suenan como una desbandada de caballos o con esos escotes tan típicos de la época invernal o los dos putos kilos de maquillaje? ¿Tan necesario es dar la nota? ¿Tan jodidamente patéticas son vuestras miserables vidas que preferís estudiar en unas escaleras transitadas por multitud de gente a buscar una mesa, aunque sea en el fondo del aula de matemáticas?

Esto le da que pensar a uno…

Deezer est mort

Hace ya un par de años que descubrí BlogMusic, hoy rebautizado como Deezer. Para el que no lo sepa, esta web era un lugar donde uno podía escuchar música a tutiplén de forma legal. Además tenía la opción de crear listas que podías importar al blog y chuminadas por el estilo. Digo tenía porque, a pesar de tener ahora un diseño mucho más mejor, la mayoría de las canciones están bloqueadas y no se pueden escuchar. Derechos de autor, supongo. Cabe decir que las canciones no se podían descargar (vale, había métodos, pero eran mucho más complicados que usar el eMule, joder) y por tanto no se podía hacer negocio de ello, pero aún así las siguen retirando. Así que el otrora estupendo sitio se ha convertido en un inmenso montón de mierda.

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“Se han pasado estos de Cloverfield con lo del márketing viral…” 

No me malinterpreten. Siguen habiendo muchos artistas que se pueden escuchar sin problemas, pero cada vez menos. Pero eso sí, luego somos los malvados internautas quienes nos cargamos el negocio de la música. Pues vale. Yo seguiré con las alternativas, quizá no tan buenas, pero útiles al fin y al cabo. Mientras duren, claro.

Bueno, hasta aquí escribo hoy. Me vuelvo a la cámara de tortura a seguir exprimiendo mi celebro hasta que se me licue y salga resbalando por mi nariz (lo sé, soy asqueroso). Ustedes vuelvan a lo suyo.

De como una laringitis consiguió arruinarme la Nochevieja

¿Conocen ustedes esos posters tan jodidamente asquerosos que todos los médicos tienen en sus consultas? Esos del tipo “ulceraciones infecciosas en mucosas internas” y cosas por el estilo. Siempre me he preguntado que oscuro impulso les lleva a colocar a la vista de todos semejante exhibición de pústulas, blástulas y miembros gangrenados. Quizá lo hagan para dárselas de profesionales (porque realmente no necesitan tenerlas expuestas en la pared), o quizá para hacerles ver a sus hipocondríacos pacientes que lo suyo podría ser peor, mucho peor.

Pues bien, yo tengo la garganta como en uno de esos posters.

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“Dotor, creo que he pillao el virus ese…”

El caso es que el día 28 ya me levanté con una ligera molestia en la laringe, pero me dije a mi mismo, “bah, nada que no se cure con una sopita de pollo y dos horas de tirotear norcoreanos en el Crysis” y así pasé el día sin pena ni gloria.

El día 29 me levanté con la sensación de que una jauría de hienas hambrientas había estado batallando por los restos de un jugoso festín dentro de mi garganta durante toda la noche, razón por la cual visité al dotor que me auscultó y me dio antibióticos y supercalmantes, tras lo cual pude volver a concentrarme en mis quehaceres (léase “atropellar norcoreanos en el Crysis“).

El día 30 me desperté sin poder tragar. Nada. Ni siquiera mi propia saliva (creanme, es algo muy desagradable). De modo que volví al ambulatorio y allí el médico, tras mirarme la garganta y decir algo relacionado con “bolsas de pus en la pared de la laringe” cogió una aguja del tamaño de una taladradora y procedió a inyectarme (sí, en el sitio en que todos ustedes están pensando, malditos degenerados) un chute de penicilina pura, que para el que no lo sepa es el equivalente farmacológico a una patada en el escroto con unas Doc Martens del 48.

 

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“Esto te va a doler a tí más que a mí”

Me dijeron que en media hora ya podría estar saltando y correteando por el campo cual estudiante de Magisterio Infantil en época de exámenes.

Por supuesto, mintieron.

Y llegamos a lo que todos ustedes estaban esperando: el día de Nochevieja. Pues bien, estuve a esto de quedarme en casa solo y amargado pero al final me tomé un calmante extra-fuerte y me encaminé a la fiesta que unos amigos habían montado, consciente, eso sí, de que no podría beber ni endrogarme (por el tema de los antibióticos y los calmantes), con lo que se pueden ustedes imaginar lo bien que me lo pasé viendo como mís amantísimos amigos se entregaban a una orgía etílica de sexo y destrucción sin yo poder ser partícipe de ello. De modo que a las 4:30 me cansé y me fuí a mi casa.

Esta experiencia me ha hecho valorar un par de puntos en los que no había reparado antes:

  1. Ya comprendo porqué abstemios y borrachos compulsivos no hacen miga.
  2. Ahora ya sé como me ve la gente desde fuera las noches de farra. Y la verdad, me lo imaginaba peor.

Y esta es, querida audiencia, mi crónica de Nochevieja. Perdonen el peñazo, en el siguiente post intentaré hablar de explosiones nucleares o invasiones alienígenas. No se lo pierdan.

Ah, sí, feliz 1993.