Creo que ya he comentado por aquí que el aburrimiento es el motor más poderoso del mundo. Lo que pasa es que no opera de la misma manera en todos. A unos les da por programar aplicaciones para el iPhone, a otros por atarse globos a la espalda y salir disparados hacia la estratosfera y otros (los más visionarios) deciden ir un paso más allá.
Les hablo de Bruce Simpson, un jubilado neozelandés sin demasiadas cosas que hacer y aficionado a la ingeniería aeronáutica (ya ven, como quien se aficiona a coleccionar sellos) quien, como ciudadano de bien, observó con horror y consternación los temibles atentados del 11-S. Poco después publicó en su blog lo fácil que sería para algunos terroristas construir misiles de crucero con los que atacar a la gente honrada y trabajadora como usted o su vecino. Lo que nuestro protagonista no se esperaba era el aluvión de respuestas a su disertación, algunas de ellas afirmando que dicho extremo era imposible, lo que el señor Simpson interpretó como un no tienes cojones y decidió, en una inenarrable muestra de lucidez, construir su propio misil low cost ($5000) y explicar su proceso de fabricación en su blog para ayudar a prevenir estos actos en el futuro por parte de terroristas.
Para una persona corriente y moliente esto podría ser el equivalente a enseñar como fabricar cocaína para acabar con la drogadicción, pero ya he dicho que este hombre es un visionario, cuyo talento está más allá de la comprensión del humano medio.

Si es que soy un puto genio, copón.
Así que nuestro amigo empezó a contar, desde su página web, el proceso de compra de componentes (la mayoría en ebay) y la fabricación del pepino en cuestión.
Pronto se hizo tremendamente popular, y las autoridades neozelandesas empezaron a preguntarse si era legal que uno de sus ciudadanos estuviera construyendo un arma de destrucción masiva en el garaje de su casa y para colmo diera lecciones en internet, así que pronto se movilizaron para intentar chaparle el chiringuito al bueno de Bruce.
Por alguna extraña razón, no consiguieron nada contra nuestro valiente protagonista (y digo extraña porque en Europa encerraron a un tipo durante tres años y medio solo por tener planos en su ordenador), y no fue hasta que el ejército kiwi se negó a dejar uno de sus campos de tiro para que este probara su invento y una auditoría fiscal le dejara prácticamente en gayumbos que el señor Simpson no se vio obligado a cancelar su proyecto.
Poco después de su odisea, publicó un libro contando sus batallitas y se dedicó a seguir con sus experimentos de motores de fusión y otros menesteres. A día de hoy, sigue muy enfadado con el gobierno de su país por haberle censurado tan altruista y bienintencionado proyecto. Hijos de puta.
En su web pueden encontrar los archivos pertinentes por si alguno de ustedes, avezados lectores, se anima a repetir la gesta. En caso de que sí y le salga mal, yo no le conozco de nada. En caso de que salga bien, pégueme un toque y le obsequiaré con un puesto de honor en mi ejército de dominación mundial.

Concept Art #57. Title: Suck it, Ayatollah!
P.D. Sí, lo sé, este no es el post de zombis que les prometí. Soy un ser mezquino y despreciable, pero eso les enseñará a no fiarse de cualquiera. Sobretodo de alguien tan guapo y chispeante como yo.
P.P.D. Denme feedback. ¿De qué quieren que hable? ¿Zombis? ¿Historias sorprendentes a la par que increíbles como la del hombre al que un tren partió por la mitad y sobrevivió para contarlo? ¿Alienígenas espías de la Guerra Fría? ¿Todo ello a la vez?




