Normalmente, cuando este blog se queda parado por un tiempo, las visitas aumentan exponencialmente. No sé que misterioso mecanismo cósmico opera en este caso, pero desde luego resulta un tanto perturbador. Mi parte abúlica y mi parte autocomplaciente ven colmadas sus expectativas simplemente dejando este antro de depravación como el erial de arena que acostumbra a ser las más de las veces. Pero en ocasiones -contadas-, mi parte responsable se sacude los dos dedos de polvo que se le acumulan encima, se cuadra y me impulsa irremisiblemente frente al teclado de mi flamante ordenador para hacerles saber a ustedes de nuevo de mi existencia. Hoy, se habrán percatado, es una de esas ocasiones.
Esta vez no es la astenia primaveral la responsable del enésimo abandono de este sitio, sino todo lo contrario. Desde hace unas semanas vivo inmerso en una espiral de creatividad y curiosidad sin precedentes. Para que se hagan una idea, he escrito dos cuentos, un guión para un corto y he dado forma a un proyecto bastante ambicioso del que, si todo va bien, tendrán constancia en breve. También me he dedicado a consumir horas y horas de (buen) cine que tenía en abandonado en las entrañas de mi disco duro, al lado mismo de un útil manual para la creación de supersoldados cibernéticos asesinos. También, si son avispados, habrán notado que he actualizado mi biografía oficial, algo que llevaba prometiendo un par de años (empezaba a parecer un político, y oiga, eso si que no).
He viajado al siglo XIX, a la majestuosidad de la Inglaterra Victoriana. He seducido hermosas damas de la más alta alcurnia, he jugado al poker en el Gentelmen’s Club de Londres y me he batido en duelo tres veces, saliendo siempre victorioso. He recorrido el Imperio Británico en toda su extensión, y he combatido a los zulúes en Rorke’s Drift, a los sarracenos en Khartum y a los afganos en el Paso de Khyber. He regresado con la casaca roja, la bayoneta manchada por la sangre de mis enemigos y más conocimiento de la época del que ningún otro ser vivo ha tenido jamás.
También me ha dado tiempo a revisar mi archivo a fondo. Encuentro alucinante lo rápido que pasa el tiempo, hay entradas que escribí hace más de un año que recuerdo como si fuera ayer.
Tengo la sensación de que este periodo de inactividad blogeril está tocando a su fin. Mi mente bulle con un millón de cosas que contarles y una musa con la forma de Daria Weirbowy revolotea por el techo de mi habitación, susurrándome mientras duermo. La otra noche soñé que moría e iba al infierno, que para mi sorpresa consistía en una oficina del INEM gigante. La gente esperaba haciendo cola, y en ella conocía a Pete Doherty y a Carl Barât. Pete estaba furioso conmigo y me quería pegar, pero Carl conseguía tranquilizarlo y finalmente nos hacíamos todos amigos y nos íbamos a tomar unas cañas, pero como aquello era el infierno nos daban Cruzcampo. Me desperté gritando, empapado en sudor y con el regusto de aquel mejunje venenoso todavía en mis labios. Si aquello no era una señal de que debía postear aquí inmediatamente, no sé que puede serlo.
Permanezcan a la escucha y no separen la vista de su lector de feeds habitual, les quiero prestos aquí para regocijarse en mi siguiente diatriba. Ahora, vuelvan a lo que estaban haciendo.
Pórtense bien en mi ausencia.




Por alguna extraña razón pensaba que estudiabas biología… ¿o eso de los cortos y los cuentos lo hace por “espíritu renacentista”?
Yo también quiero una musa guión portadadelvogue
En fin, me quito el sombrero ante tu creatividad escribiendo, mención especial a tu perfil que tengo que decir que es genial.
Sigue llenandome el feeder, que posts como estos siempre vienen bien.
Te veo por Hostivar.
Efe, tienes razón, estudio biología (o debería decir “estudiaba”, que ya soy Lisensiado, ergo ya puedo ir a recoger limones a la huerta y tener una cohorte de jornaleros peruanos de se dirijan a mí con respeto, más de lo que he tenido en toda mi vida), pero sí, lo de la producción literaria me viene de mi faceta “hombre del renacimiento”. Que le vamos a hacer, uno es docto en todas las áreas. Respecto lo de la musa, te pasaré el teléfono de Natalia Vodianova. Estaba bien, pero era un poco cargante, la chica.
framara, gracias tio
Vaya has escrito 2 cuentos, y supongo que lo del corto ya me lo explicaras mas concienzudamente… La creatividad que te ha aparecido la achaco mas a la falta de trabajo y al aburrimiento que a tu etapa renacentista…