o “Porqué matar debería ser legal en según que supuestos”
Piensen en la de cosas que podrían hacer con 150 euros. Podrían ir 30 veces al cine, comprarse un DVD nuevo, viajar a Londres. Podrían gastarselo en contratar los servicios de una meretriz de calidad media-alta, o directamente montarse una orgía con simples putas del puerto. Podrían comprarse un iPod, tres pares de Converse, ir a dos festivales de música. Joder, incluso podrían pagar las cañas de toda una semana. ¡Una semana, por el amor de Dios!
Pero el mundo no es justo, como ya dije en su día. Y yo lo sé mejor que nadie, por eso estoy aquí y no en una réplica de la mansión Playboy disfrutando de los réditos del dinero que cierta panda de incompetentes me perdieron en su dia. Pero continuemos con mi historia, que sé que lo están deseando, caray.
Nos habíamos quedado con un servidor adentrándose en las profundidades de ese redil de funcionarios llamado Secretaría de Biología. Llegué al escritorio de Mari Carmen (que es un pseudónimo, no porque pretenda preservar la identidad de tan nauseabundo ser, simplemente porque no me acuerdo de su verdadero nombre) cuando, al ir a contarle la ordalía por la que atravesava en tan aciago momento, una mujer con cara de bruja apareció por la puerta anunciando que era hora de desayunar. Sé que pensarán que, llegados a este punto, estoy dramatizando en demasía los hechos. Pero nada más lejos. Esto les juro que es verdad. Por lo que más quiera. Lo juro. Que me caiga ahora mismo un rayo positrónico si miento.
La tal Mari Carmen, consciente de que yo había estado esperándola en vano tres cuertos de hora, me soltó un “va, espabila a lo que tengas que decirme que me quiero ir a comer“.

Piensa en un lugar mejor, piensa en un lugar mejor…
Tras barajar el arrancarle la traquea y matar con ella a golpes al resto de funcionarios, decidí que era mejor el armarme de paciencia (ah, craso error, amigo mío, ya te dije que eso no servía de nada… espera, ¿estoy hablando conmigo mismo? en fin, sigamos) y contarle mi singular historia. Ella miró en un ordanador y me dijo que (ah, sorpresa) ellos habían enviado la documentación al CADE y que si acaso la culpa era de los otros, que no la habían recibido o que la habían perdido.
A mi todo esto empezaba a resultarme un tanto kafkiano. Vamos, que si al día siguiente me hubiera despertado siendo una cucaracha de dos metros lo hubiera encontrado hasta normal.
En un último intento, llamé al CADE. Les expliqué mi situación, les supliqué, amenacé, les dije que ya estaba hasta los huevos y que alguien tenía que solucionar todo aquello o me iba a enfadar mucho y alguien iba a poner flores an alguna columna de algún edificio de la Universidad. Me dijeron que me llamarían cuando supiesen algo. Y me llamaron, ya lo creo. El día 30 de Junio.
“Oye mira,- me dijo el tipo del CADE- ya sabemos lo que ha pasado. Resulta que tus papeles llegaron cuando hacíamos el traslado de archivos y… bueno, pues que se perdieron. Así que lo que puedes hacer es enviarnos otra vez el justificante como que estuviste en esa salida de campo y el recibo de matrícula de el año pasado. eso sí, tendrás que darte prisa porque mañana 1 de Julio cerramos por vacaciones.“
O dicho de otra manera:

Evidentemente, no recuperé mi dinero. El mundo siguió girando, el verano pasó y de mis 150 € nunca jamás se supo. No tenía tiempo ni ganas de emprender de nuevo en setiembre todo aquello, así que simplemente me encogí de hombros, apunté algo en mi libreta y me puse a pensar en otros asuntos.
Y esta es la triste y esteril conclusión de mi historia. Pero no se confundan. Puede que Mari Carmen y sus compinches duerman hoy con la conciencia limpia sobre un apacible colchón viscoelástico, ignorantes de su nefando destino. Ignorantes de que, gracias a su aparentemente monótona rutina de funcionarios, han sembrado la semilla del odio, el rencor y la amargura en toda una generación de estudiantes. Y de que, como decía Belén Esteban, a todo cerdo le llega su San Bernardo.
Y créanme si les digo que algún día, puede que no hoy ni tampoco mañana, unos colegas y yo nos juntemos, nos pongamos de mescalina hasta las cejas y decidamos ir a divertirnos a la Secretaría de Biológicas. Y ese día habrá regocijo en el mundo, ya lo creo que sí.
(Sustitúyase las plantas por funcionarios)
Dormid, dormid, angelicos.




Algún día me gustaría ser funcionario, solamente por saber si te hacen un examen de maldad para formar parte o te obligan a honrar a alguna oscura deidad del desayuno. En fin la burocracia.
Saludos y a seguir.
en la primera parte del post pensé que aún quedaba algo de justicia y que te devolverían el dinero… que ingenuo soy a veces. Pero no hay que amargarse! si la universidad te ha robado a ti, tú róbales a ellos, sabotea los manuales caros, jode los ordenadores, haz novatadas, graffitis en el rectorado… oooh, una buena, sabotear los urinarios con petardos! hay tantas cosas por hacer….
Por Dios!!!! Exijo una satisfaccion, y no me conformare con 150 € y una misera disculpa. QUIERO SANGRE!!!!!! Y me la van a dar. Empiezo a afilar desde YA mi machete…