Miedo y asco en Valencia (parte I)

o “Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la Burocracia”.

Esta es la historia de como la Secretaría de Biológicas de la Universidad de Valencia se quedó con 150€ que eran míos. Es una historia trágica, desgarradora y cruel, pero con un punto de ironía y humor sardónico propio de las comedias negras. Y es que la vida te da lecciones, y yo estoy aquí para compartir con todos ustedes estas maravillosas experiencias. Acompáñenme en un viaje que les demostrará que la paciencia y la perseverancia son dos de los instrumentos más inútiles de la existencia, y que todo nos iría mucho mejor si en su lugar usásemos gasolina y pólvora.

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¡Oh, que magnífico y apropiado final! ¡Que brillante conclusión! ¡Bravo! ¡Bravo!

Los hechos que preceden a esta trepidante aventura se remontan tres años atrás en el tiempo, y aproximadamente 1120 km en el espacio, independiéntemente de donde se encuentren ustedes ahora mismo. Al regreso de un viaje a los Pirineos con la universidad pagado de nuestro propio bolsillo (eso sí, había que ir si uno quería aprobar), los allí congregados decidimos hacer una bolsa de viaje ya que la universidad nos había prometido reintegrarnos parte del dinero (oh, gracias, magnánimos hijos de puta). Tras enviar todos los papeles pertinentes a través de secretaría, un servidor aparcó el tema en algún oscuro y polvoriento rincón de su mente para volver a concentrarse en sus malvados planes de conquista y dominación.

Aproximadamente un año después…

Encontrábame yo absorto en mis quehaceres cuando de la nada apareció una bella fémina a la que yo vagamente recordaba de haber visto en clase. Antes de caer rendida a mis brazos suplicándo sexo me pudo contar que hacía tres meses que había recibido una carta informando de que la Universidad había decidido devolver 150€ a cada estudiante que hubiera participado en la citada excursión. Este hecho me dejó furioso a la par que desconcertado. ¿Por que yo no había recibido tal misiva?

Tras comprobar que, en efecto, todos menos yo eran 150€ más ricos, me dirigí hacia el DISE (que es el sitio que gestiona las becas y otras cosas por el estilo) exigiendo saber donde estaba mi dinero. Ellos me contestaron que eso tenía que hablarlo con el CADE, organismo gemelo univitelino del DISE pero situado donde Cristo perdió la zapatilla, solo por joder.

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Gráfico explicativo. Las distancias son aproximadas.

Para añadir emoción al asunto, todo esto me sorprendió en plena época de exámenes, por lo que no me sobraba el tiempo, precisamente. Aún así, decidí perder una mañana saltando de metro en metro hasta llegar a las oficinas del CADE, donde me dijeron que ellos no sabían nada, que tenía que ir a hablar con secretaría (situada al lado del DISE, bieeeen), que es donde entregué los papeles.

Antes de continuar, quiero dejar clara una cosa. A partir de aquí y hasta el final del post, la vena de mi frente se iba hinchando a razón de un centímetro por párrafo. Ténganlo en cuenta, porque es importante.

Llegué a mi destino exhausto y cabreado. Aporreé fieramente la puerta y un empleado enjuto y pusilánime asomó la cabeza.

- Mire usted,- le dije- me ha ocurrido esto. ¿Pueden ayudarme?

- Aham, pero eso tienes que hablar con Mari Carmen, que es la que lo lleva, y que ha salido un momento a tomar un café. Puedes esperarla si quieres.

Así que me senté en el pasillo y esperé. Esperé 30 minutos. Luego 10 minutos más, y entonces me cansé de esperar, y volví a aporrear la puerta, y nuevamente apareció el mismo personajillo.

- Llevo tres cuertos de hora esperando a Mari Carmen. Tres cuertos de hora es mucho tiempo para tomar un café. Donde… está… Mari Carmen.

Dije esto último con sumo tacto para evitar aplastar la cabeza de aquel individuo, que se limitó a mirame con ojos frios y muertos, tras lo cual volvió la cabeza hacia la sala y gritó:

- ¿Alguien ha visto a Mari Carmen?

- ¡Pero si estoy aquí!- contestó una voz al fondo de la habitación.

- ¡Uy, que cosas, si resulta que estaba aquí todo el rato!

[Un golpe seco. Sonidos de dientes desgarrando carne. Aullidos. Un cristal que se rompe. En la lejanía, una mujer grita. Sirenas de policía en la distancia]

- Ah… vaya… que cosas- acerté a decir.

Y me adentré en la secretaría de la Universidad de Valencia.

¿Cómo acabará esta historia? ¿Me devolverán los 150€? ¿Asesinaré violentamente a varios funcionarios? ¿me enfrentaré con la policía? ¿me arrojaré desde lo alto del edifició de secretaría?

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¡Dios mío! ¡Allí arriba! ¿Que va a hacer? ¿Se va a tirar?

No se pierdan las respuestas en la próxima y trepidante entrega de Miedo y asco en Valencia. ¡Porque la burocracia siempre puede ser más divertida!

 

 

 

3 Respuestas a “Miedo y asco en Valencia (parte I)”


  1. Icono Gravatar 1 Jona

    Matar gente, existe algun placer mejor en esta vida que sentir el crujir de un craneo bajo tu pie? Quizas el sexo se aproxima vagamente a la sensacion pero no es lo mismo. Por cierto el mundo sigue funcionando….

  2. Icono Gravatar 2 Shine McShine

    El mundo sigue funcionando, sí, pero es que a la postre lo único que han hecho ha sido accionarlo para probarlo, pero no han hecho colisionarnada. El 21 de Octubre hablaremos (o no…)

  3. Icono Gravatar 3 Pots

    Eso me recuerda a la magia de la “solicitud de cambio de turno” universitario, donde yo pensaba que un comité sentados en una oscura habitación iluminada solo en su centro (donde hay una mesa) decidía sobre el destino de quienes podían cambiar de clase. Desilusión y alegría se lleva a uno cuando después de semana y media de arriba para abajo, la única secretaria con un poco de sangre cambia tu ficha como quien juega al buscaminas.

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