Archivo de Septiembre, 2008

McShine goes to Praha

Bueno queridísíma y fiel audiencia, me complace anunciarles que en unas horas estaré camino a la República Checa, país famoso únicamente por dos cosas: el porno y escritores cuyo nombre empieza por K. Ambas, he de decir, han motivado mi decision de ir a trabajar a tan lejano lugar. No se preocupen, tengo un flamante ordenador nuevo desde el cual prometo mantenerles al dia de mis descacharrantes aventuras plagadas de acción, zombis y hermosas actrices porno ávidas de sexo. Yeah.

Les espero en breve, supongo que andaré algo liado así que sean pacientes. Ustedes dejen comentarios, que eso siempre anima a escribir nuevas entradas. Hale pues, ya saben lo que tienen que hacer.

Permanezcan a la escucha, ciudadanos.

prague_68.jpg

La multitud, aguardando expectante la llegada de Shine McShine

Miedo y asco en Valencia (parte II)

o “Porqué matar debería ser legal en según que supuestos”

Piensen en la de cosas que podrían hacer con 150 euros. Podrían ir 30 veces al cine, comprarse un DVD nuevo, viajar a Londres. Podrían gastarselo en contratar los servicios de una meretriz de calidad media-alta, o directamente montarse una orgía con simples putas del puerto. Podrían comprarse un iPod, tres pares de Converse, ir a dos festivales de música. Joder, incluso podrían pagar las cañas de toda una semana. ¡Una semana, por el amor de Dios!

Pero el mundo no es justo, como ya dije en su día. Y yo lo sé mejor que nadie, por eso estoy aquí y no en una réplica de la mansión Playboy disfrutando de los réditos del dinero que cierta panda de incompetentes me perdieron en su dia. Pero continuemos con mi historia, que sé que lo están deseando, caray.

Nos habíamos quedado con un servidor adentrándose en las profundidades de ese redil de funcionarios llamado Secretaría de Biología. Llegué al escritorio de Mari Carmen (que es un pseudónimo, no porque pretenda preservar la identidad de tan nauseabundo ser, simplemente porque no me acuerdo de su verdadero nombre) cuando, al ir a contarle la ordalía por la que atravesava en tan aciago momento, una mujer con cara de bruja apareció por la puerta anunciando que era hora de desayunar. Sé que pensarán que, llegados a este punto, estoy dramatizando en demasía los hechos. Pero nada más lejos. Esto les juro que es verdad. Por lo que más quiera. Lo juro. Que me caiga ahora mismo un rayo positrónico si miento.

La tal Mari Carmen, consciente de que yo había estado esperándola en vano tres cuertos de hora, me soltó un “va, espabila a lo que tengas que decirme que me quiero ir a comer“.

cosasbonitas.jpg

Piensa en un lugar mejor, piensa en un lugar mejor…

Tras barajar el arrancarle la traquea y matar con ella a golpes al resto de funcionarios, decidí que era mejor el armarme de paciencia (ah, craso error, amigo mío, ya te dije que eso no servía de nada… espera, ¿estoy hablando conmigo mismo? en fin, sigamos) y contarle mi singular historia. Ella miró en un ordanador y me dijo que (ah, sorpresa) ellos habían enviado la documentación al CADE y que si acaso la culpa era de los otros, que no la habían recibido o que la habían perdido.

A mi todo esto empezaba a resultarme un tanto kafkiano. Vamos, que si al día siguiente me hubiera despertado siendo una cucaracha de dos metros lo hubiera encontrado hasta normal.

En un último intento, llamé al CADE. Les expliqué mi situación, les supliqué, amenacé, les dije que ya estaba hasta los huevos y que alguien tenía que solucionar todo aquello o me iba a enfadar mucho y alguien iba a poner flores an alguna columna de algún edificio de la Universidad. Me dijeron que me llamarían cuando supiesen algo. Y me llamaron, ya lo creo. El día 30 de Junio.

Oye mira,- me dijo el tipo del CADE- ya sabemos lo que ha pasado. Resulta que tus papeles llegaron cuando hacíamos el traslado de archivos y… bueno, pues que se perdieron. Así que lo que puedes hacer es enviarnos otra vez el justificante como que estuviste en esa salida de campo y el recibo de matrícula de el año pasado. eso sí, tendrás que darte prisa porque mañana 1 de Julio cerramos por vacaciones.

O dicho de otra manera:

 

125007ivegot-yourmoney1.jpg

Evidentemente, no recuperé mi dinero. El mundo siguió girando, el verano pasó y de mis 150 € nunca jamás se supo. No tenía tiempo ni ganas de emprender de nuevo en setiembre todo aquello, así que simplemente me encogí de hombros, apunté algo en mi libreta y me puse a pensar en otros asuntos.

Y esta es la triste y esteril conclusión de mi historia. Pero no se confundan. Puede que Mari Carmen y sus compinches duerman hoy con la conciencia limpia sobre un apacible colchón viscoelástico, ignorantes de su nefando destino. Ignorantes de que, gracias a su aparentemente monótona rutina de funcionarios, han sembrado la semilla del odio, el rencor y la amargura en toda una generación de estudiantes. Y de que, como decía Belén Esteban, a todo cerdo le llega su San Bernardo.

Y créanme si les digo que algún día, puede que no hoy ni tampoco mañana, unos colegas y yo nos juntemos, nos pongamos de mescalina hasta las cejas y decidamos ir a divertirnos a la Secretaría de Biológicas. Y ese día habrá regocijo en el mundo, ya lo creo que sí.

(Sustitúyase las plantas por funcionarios)

Dormid, dormid, angelicos.

Miedo y asco en Valencia (parte I)

o “Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la Burocracia”.

Esta es la historia de como la Secretaría de Biológicas de la Universidad de Valencia se quedó con 150€ que eran míos. Es una historia trágica, desgarradora y cruel, pero con un punto de ironía y humor sardónico propio de las comedias negras. Y es que la vida te da lecciones, y yo estoy aquí para compartir con todos ustedes estas maravillosas experiencias. Acompáñenme en un viaje que les demostrará que la paciencia y la perseverancia son dos de los instrumentos más inútiles de la existencia, y que todo nos iría mucho mejor si en su lugar usásemos gasolina y pólvora.

atomicbomb44.jpg

¡Oh, que magnífico y apropiado final! ¡Que brillante conclusión! ¡Bravo! ¡Bravo!

Los hechos que preceden a esta trepidante aventura se remontan tres años atrás en el tiempo, y aproximadamente 1120 km en el espacio, independiéntemente de donde se encuentren ustedes ahora mismo. Al regreso de un viaje a los Pirineos con la universidad pagado de nuestro propio bolsillo (eso sí, había que ir si uno quería aprobar), los allí congregados decidimos hacer una bolsa de viaje ya que la universidad nos había prometido reintegrarnos parte del dinero (oh, gracias, magnánimos hijos de puta). Tras enviar todos los papeles pertinentes a través de secretaría, un servidor aparcó el tema en algún oscuro y polvoriento rincón de su mente para volver a concentrarse en sus malvados planes de conquista y dominación.

Aproximadamente un año después…

Encontrábame yo absorto en mis quehaceres cuando de la nada apareció una bella fémina a la que yo vagamente recordaba de haber visto en clase. Antes de caer rendida a mis brazos suplicándo sexo me pudo contar que hacía tres meses que había recibido una carta informando de que la Universidad había decidido devolver 150€ a cada estudiante que hubiera participado en la citada excursión. Este hecho me dejó furioso a la par que desconcertado. ¿Por que yo no había recibido tal misiva?

Tras comprobar que, en efecto, todos menos yo eran 150€ más ricos, me dirigí hacia el DISE (que es el sitio que gestiona las becas y otras cosas por el estilo) exigiendo saber donde estaba mi dinero. Ellos me contestaron que eso tenía que hablarlo con el CADE, organismo gemelo univitelino del DISE pero situado donde Cristo perdió la zapatilla, solo por joder.

situacion.JPG

Gráfico explicativo. Las distancias son aproximadas.

Para añadir emoción al asunto, todo esto me sorprendió en plena época de exámenes, por lo que no me sobraba el tiempo, precisamente. Aún así, decidí perder una mañana saltando de metro en metro hasta llegar a las oficinas del CADE, donde me dijeron que ellos no sabían nada, que tenía que ir a hablar con secretaría (situada al lado del DISE, bieeeen), que es donde entregué los papeles.

Antes de continuar, quiero dejar clara una cosa. A partir de aquí y hasta el final del post, la vena de mi frente se iba hinchando a razón de un centímetro por párrafo. Ténganlo en cuenta, porque es importante.

Llegué a mi destino exhausto y cabreado. Aporreé fieramente la puerta y un empleado enjuto y pusilánime asomó la cabeza.

- Mire usted,- le dije- me ha ocurrido esto. ¿Pueden ayudarme?

- Aham, pero eso tienes que hablar con Mari Carmen, que es la que lo lleva, y que ha salido un momento a tomar un café. Puedes esperarla si quieres.

Así que me senté en el pasillo y esperé. Esperé 30 minutos. Luego 10 minutos más, y entonces me cansé de esperar, y volví a aporrear la puerta, y nuevamente apareció el mismo personajillo.

- Llevo tres cuertos de hora esperando a Mari Carmen. Tres cuertos de hora es mucho tiempo para tomar un café. Donde… está… Mari Carmen.

Dije esto último con sumo tacto para evitar aplastar la cabeza de aquel individuo, que se limitó a mirame con ojos frios y muertos, tras lo cual volvió la cabeza hacia la sala y gritó:

- ¿Alguien ha visto a Mari Carmen?

- ¡Pero si estoy aquí!- contestó una voz al fondo de la habitación.

- ¡Uy, que cosas, si resulta que estaba aquí todo el rato!

[Un golpe seco. Sonidos de dientes desgarrando carne. Aullidos. Un cristal que se rompe. En la lejanía, una mujer grita. Sirenas de policía en la distancia]

- Ah… vaya… que cosas- acerté a decir.

Y me adentré en la secretaría de la Universidad de Valencia.

¿Cómo acabará esta historia? ¿Me devolverán los 150€? ¿Asesinaré violentamente a varios funcionarios? ¿me enfrentaré con la policía? ¿me arrojaré desde lo alto del edifició de secretaría?

mireu.jpg

¡Dios mío! ¡Allí arriba! ¿Que va a hacer? ¿Se va a tirar?

No se pierdan las respuestas en la próxima y trepidante entrega de Miedo y asco en Valencia. ¡Porque la burocracia siempre puede ser más divertida!