Archivo de Enero, 2008

Deezer est mort

Hace ya un par de años que descubrí BlogMusic, hoy rebautizado como Deezer. Para el que no lo sepa, esta web era un lugar donde uno podía escuchar música a tutiplén de forma legal. Además tenía la opción de crear listas que podías importar al blog y chuminadas por el estilo. Digo tenía porque, a pesar de tener ahora un diseño mucho más mejor, la mayoría de las canciones están bloqueadas y no se pueden escuchar. Derechos de autor, supongo. Cabe decir que las canciones no se podían descargar (vale, había métodos, pero eran mucho más complicados que usar el eMule, joder) y por tanto no se podía hacer negocio de ello, pero aún así las siguen retirando. Así que el otrora estupendo sitio se ha convertido en un inmenso montón de mierda.

poo.jpg

“Se han pasado estos de Cloverfield con lo del márketing viral…” 

No me malinterpreten. Siguen habiendo muchos artistas que se pueden escuchar sin problemas, pero cada vez menos. Pero eso sí, luego somos los malvados internautas quienes nos cargamos el negocio de la música. Pues vale. Yo seguiré con las alternativas, quizá no tan buenas, pero útiles al fin y al cabo. Mientras duren, claro.

Bueno, hasta aquí escribo hoy. Me vuelvo a la cámara de tortura a seguir exprimiendo mi celebro hasta que se me licue y salga resbalando por mi nariz (lo sé, soy asqueroso). Ustedes vuelvan a lo suyo.

Linkin’ on the dock of the bay

Como ayer les solté un peñazo de cuidado y además es posible que hasta el viernes o el sábado no vuelva a actualizar el blog, que mejor que presentarles una serie de links que he ido coleccionando. No son muchos, pero son buenos y aseguran horas de diversión.

  • En primer lugar una nueva serie en flash llamada Super Mario Bros Z. Sí, han leido bien. Y sí, es como se imaginan: Mario al más puro estilo Dragon Ball. De momento solo hay seis capítulos que también se pueden ver via YouTube (porque la página principal suele estar caida). Cuidado que engancha.
  • Galli the Alligator. Si este programa hubiera existido en mi infancia yo sería un hombre completamente diferente ahora. Y usted también.
  • Este otro vídeo es para que entiendan, de una vez por todas, lo jodíadamente minúsculos e insignificantes que son. Ustedes, no yo.
  • ¿Tres son multitud? Este video lo demuestra, y con creces (Vía: El Escondite de Iván)

Y ya está. Con esto tendrán que pasar hasta mi próximo post.

Entreténganse y pórtense bien en mi ausencia.

El Día de los Trífidos

Supongo que tengo que compensarles de alguna manera por mi prolongada ausencia que, como ya expiqué, obedece a causas que escapan a mi control. Y como la verdad es que la blogosfera últimamente apesta que da gusto, con miles de blogs repitiendo los mismos temas una y otra vez (de verdad, es como mirar veinte veces el mismo blog, solo que con formatos distintos) y gente citándose a si misma (acto que considero la cúspide del garrulismo y el mal gusto), pues que mejor que obsequiarles a ustedes, amantísimo público, con un post fresco, original y chispeante.

Por eso voy a inaugurar sección y así de paso les hablo de una de las novelas de ciencia ficción que más me gustan y que más ingredientes de aventura y emoción sin pretensiones aparentes presenta (y es aquí donde radica el encanto del género Pulp, todo es mucho más de lo que aparenta). Me refiero a El Día de los Trífidos, del escritor John Windham.

De todos es sabido que todo escritor inglés que se precie debe, al menos una vez en su carrera, destruir Londres, Inglaterra y el mundo (en este estircto y nada casual orden). Así el resto de los mortales podemos deleitarnos con bellísimas estampas de los puentes sobre el Támesis totalmente desiertos y libres de esa inmundicia humana.

28days.jpg

“¿Pero donde coño debe haber un contenedor amarillo de esos? Puta mierda de reciclaje…”

Esto es precisamente lo que hizo este señor en 1953, pero en lugar de recurrir a temas tan trillados como las epidemias (de virus o de zombis) o las guerras nucleares (que lo dejan todo hecho unos zorros y así no se puede disfrutar de las ciudades desiertas en condiciones), Windham ideó un combo tan aterrador como mortal.

Una noche, de buenas a primeras, aparecen sobre el cielo millones de luces verdes, debidas al parecer al paso de la cola de un cometa sobre nuestra atmósfera. Toda la humanidad sale al balcón a contemplar el espectáculo, y al día siguiente todos se han quedado ciegos. Todos menos unos cuantos que, por h o por b (genial expresión, por cierto, solo comparable a “entre pitos y flautas“), no han contemplado el fenómeno y se han librado de quedarse como Ray Charles. Para rematar la faena, y como si lo de dejar a la humanidad ciega no fuese suficiente, el autor se saca de la manga a las criaturas más terribles que han podido existir sobre la tierra; los Trífidos, una especie de plantas que pueden caminar y que tienen un aguijón de dos metros de jargo cuyo veneno mata a la gente en el acto. Claro, cuando las personas podían ver bastaba con cortarles el aguijón y así cualquiera podía tener un trífido como mascota, pero ahora que van todos dando tumbos pues como que los vegetales lo tienen más facil a la hora de zamparse a sus anteriores criadores. Pura justicia poética.

botanic-garden_4725b1a23b196.jpg

Parece una inocente petunia pero en realidad es una imparable máquina de matar.

A partir de ahí, los pocos personajes que aún conservan la visión pugnan por escapar de una Inglaterra devastada por los trífidos, que se reproducen con la misma rapidez que los realities en las cadenas de televisión. Entremedias hay tiroteos, acción, aventura, romance y diálogos molones de esos que desaparecieron con los 50.

La novela es muy popular en Reino Unido, donde se hizo una adaptación al cine (muy cutre) y una serie de televisión de la BBC bastante más decente y con protagonistas armados con toda clase de utensilios para acabar con las plantitas de marras y una estética muy sesentera.

triffids6.jpg

“- Aigh, que asco, un hierbajo de esos! Corre, disparale a los ojos!”

“- Pfff, a esta tia me la tiro seguro”

Hace unos años se estuvo comentando que John Carpenter había comprado los derechos y que preparaba una adaptación, pero todo quedó en papel mojado. No hay novedades a la vista así que tendremos que esperar a que la BBC se quede sin ideas y decida hacer el remake como ya ha hecho con Survivors y Doctor Who.

Por cierto, hay una continuación de la novela, llamada La Noche de los Trífidos. La escribe un tal Simon Clark, y no está mal del todo. Su lectura puede ser incluso recomendable, pero si quieren, pueden leer solo el libro original y les aseguro que quedarán encantados. Si no, es que es usted de esa clase de personas sin criterio ni gusto ninguno y no se moleste en volver por aquí. Coja un ejemplar de El Código da Vinci, áteselo al tobillo y arrójese al primer pantano que encuentre y que tenga más de tres metros de profundidad.

 

Genialidad

El otro día me devolvieron un libro. Lo abrí aleatoriamente y encontré este pequeño fragmento:

Tenía razón. Los procesos de manufacturado estaban destruyendo el planeta y, además, por lo general, lo que se manufacturaba era asqueroso.

Después, Trout también hizo una buena observación.

- Bueno -dijo-, yo antes también era conservacionista. Lloraba y gemía cuando la gente disparaba a las águilas con armas automáticas desde los helicópteros y todo eso, pero ya lo he dejado. En Cleveland hay un rio tan contaminado que la porquería se pone a arder más o menos una vez al año. Antes eso me ponía enfermo, pero ahora me causa risa. Cuando algún buque cisterna vierte accidentalmente su carga en el mar y mata a millones de pájaros y a miles de millones de peces, me digo: “Mira, más poder para la Standard Oil” o la que sea. -Alzó los brazos como celebrándolo y dijo-: ¡El culo levantemos y por la gasolina Mobil brindemos!

Al camionero aquello le molestó.

- Me está usted tomando el pelo -le dijo.

- Me he dado cuenta de que Dios no es conservacionista -dijo Trout-, así que, además de un sacrilegio es una pérdida de tiempo. ¿No ha visto usted nunca alguno de Sus volcanes o de Sus tornados o de Sus maremotos? ¿Nadie le ha hablado de las glaciaciones que organiza cada medio millón de años? ¿Y que me dice de la enfermedad de los olmos? Para usted es una buena medida conservacionista, ¿no? Y todo eso lo hace Dios, no el hombre. Es probable que justo cuando consigamos limpiar nuestros ríos, Él haga que toda la galaxia estalle como si fuera de celuloide. Eso es lo que era la estrella de Belén, ya sabe.

- Qué era la estrella de Belén? -dijo el camionero.

- Pues un fragmento del estallido de toda una galaxia como si fuera de celuloide -dijo Trout.”

Este libro es El Desayuno de los Campeones, de Kurt Vonnegut Jr. La calificación de genio se le queda corta a Vonnegut. Es un maestro de maestros, un bufón malvado e inteligente que reduce la existencia a la mínima expresión de simpleza para hacernos ver la estupidez de los actos más cotidianos, que sacude los cimientos de nuestro universo y se presenta como el Gran Titiritero del absurdo y del humor negro. Es como un Antoine de Saint-Exupéry pero con un montón de mala leche y crueldad. Entenderán, por tanto, que el nombre de este blog no es casual. Se lo debo a este hombre que, como suele decirse, ya no se cuenta entre los vivos.

Y cosas por el estilo.

Join the Brotherhood

2008 parece un buen año. No solo tiene una rima de lo más chachi y molona sino que además en otoño llega el Fallout 3, la secuela de la secuela del mejor juego de ordenador de todos los tiempos sin lugar a duda ninguna. Es muy probable que un día de estos les cuente algo sobre este juego de rol post-apocalíptico, pero a lo que he venido hoy no es a eso.

screen07b.jpg

El uso de unos auriculares baratos puede tener consecuencias catastróficas

Para amenizar la espera Bethesda (compañía que adquirió los derechos tras la bancarrota de Interplay) tiene una página web completamente en castellano sobre el juego y con un diseño impresionante donde podemos descargar fondos de pantalla, el trailer del juego y muchas más cosas. También ha lanzado esta semana en una sección que de llama “Diarios” una completa descripción de una de las facciones del juego, nada más y nada menos que La Hermandad de Acero, que son como una especie de caballeros templarios que van en busca de los últimos resquicios de tecnología en el mundo de después de los pepinos nucleares. Pero para que contárles yo nada si pueden ir ustedes mismos y leerlo con sus propios ojos. Pasen y lean.

Hale pués, disfruten y sigan leyendome con asiduidad. Serán recompensados cuando llegue el nuevo orden.

Novedades desde la trinchera norte

Tengo malas noticias: mi queridisimo vecino del que tomaba prestada la red wi-fi ha desparecido misteriosamente. La red, no mi vecino. Por tanto estoy sin internete por tiempo indefinido. Ahora mismo estoy usando la sala de ordenadores de la Universidad (¿o que pensaban, que lo estaba escribiendo telepáticamente? Pues no, todavía no tengo ese poder. Todavía), y supongo que podré actualizar desde aquí si no logro encontrar ninguna nueva red desprotegida, pero la verdad es que da mucha pereza.

Poco más que contar. Me he comprado unos super-auriculares que hacen que escuchar música sea una experiencia quasiorgásmica. Además, aislan una burrada y así ya no me quedaré sordo, por lo menos a corto plazo.

Y nada más. Les veo en breve.

Splash!

Como hoy me siento infinitamente generoso he decidido regalarles la vista y el celebro con uno de mis posts.

Así que les cuento que hoy me he levantado tempranito (a eso de las 7 de la mañana) para ir a la comisaría a renovar el DNI y el pasaporte y, durante la espera, he visto en la tele que un señor ha sobrevivido después de caerse del piso 47 de un rascacielos en Nueva York.

Como sé que este caso no es único he estado rebuscando por la Internete y mira tú por donde he dado con un práctico manual para sobrevivir a caídas desde rascacielos o aviones sin paracaidas ni mariconadas de esas. Lo más gracioso de todo es que está redactado completamente en serio. Por ejemplo:

“Elige un espacio amplio para aterrizar. A menos que tengas una experiencia considerable como paracaidista, probablemente no puedas guiarte a ti mismo con mucha precisión. Aunque seria muy bueno poder guiarte hasta una pila de colchones, difícilmente puedas identificar objetivos pequeños desde grandes alturas, y muy probablemente no te sea posible guiarte hasta ellos. Tu principal objetivo debe ser alejarte de superficies particularmente indeseables.”

Aquí les dejo el enlace. Léanlo atentamente, puede que lo necesiten en un futuro cercano. En ese caso, no se olviden de quién les recomendó las claves para su supervivencia. Y cuando digo no se olviden quiero decir que me hagan una transferencia de buena parte de su capital. Que menos, digo yo.

Por último, si son ustedes audaces habrán notado que he puesto un reproductor de música en la barra lateral. Iré ampliando el repertorio poco a poco. Les recomiendo fervientemente su audición, pues pocas veces tendrán ustedes oportunidad de escuchar música seleccionada con tan buen criterio.

Pórtense bien en mi ausencia.

Interpost (I)

Lo siento, pero no he podido evitarlo…

Háganme caso y pónganlo a pantalla completa.

It’s comming…

De como una laringitis consiguió arruinarme la Nochevieja

¿Conocen ustedes esos posters tan jodidamente asquerosos que todos los médicos tienen en sus consultas? Esos del tipo “ulceraciones infecciosas en mucosas internas” y cosas por el estilo. Siempre me he preguntado que oscuro impulso les lleva a colocar a la vista de todos semejante exhibición de pústulas, blástulas y miembros gangrenados. Quizá lo hagan para dárselas de profesionales (porque realmente no necesitan tenerlas expuestas en la pared), o quizá para hacerles ver a sus hipocondríacos pacientes que lo suyo podría ser peor, mucho peor.

Pues bien, yo tengo la garganta como en uno de esos posters.

fido8.jpg

“Dotor, creo que he pillao el virus ese…”

El caso es que el día 28 ya me levanté con una ligera molestia en la laringe, pero me dije a mi mismo, “bah, nada que no se cure con una sopita de pollo y dos horas de tirotear norcoreanos en el Crysis” y así pasé el día sin pena ni gloria.

El día 29 me levanté con la sensación de que una jauría de hienas hambrientas había estado batallando por los restos de un jugoso festín dentro de mi garganta durante toda la noche, razón por la cual visité al dotor que me auscultó y me dio antibióticos y supercalmantes, tras lo cual pude volver a concentrarme en mis quehaceres (léase “atropellar norcoreanos en el Crysis“).

El día 30 me desperté sin poder tragar. Nada. Ni siquiera mi propia saliva (creanme, es algo muy desagradable). De modo que volví al ambulatorio y allí el médico, tras mirarme la garganta y decir algo relacionado con “bolsas de pus en la pared de la laringe” cogió una aguja del tamaño de una taladradora y procedió a inyectarme (sí, en el sitio en que todos ustedes están pensando, malditos degenerados) un chute de penicilina pura, que para el que no lo sepa es el equivalente farmacológico a una patada en el escroto con unas Doc Martens del 48.

 

housededito.jpg

“Esto te va a doler a tí más que a mí”

Me dijeron que en media hora ya podría estar saltando y correteando por el campo cual estudiante de Magisterio Infantil en época de exámenes.

Por supuesto, mintieron.

Y llegamos a lo que todos ustedes estaban esperando: el día de Nochevieja. Pues bien, estuve a esto de quedarme en casa solo y amargado pero al final me tomé un calmante extra-fuerte y me encaminé a la fiesta que unos amigos habían montado, consciente, eso sí, de que no podría beber ni endrogarme (por el tema de los antibióticos y los calmantes), con lo que se pueden ustedes imaginar lo bien que me lo pasé viendo como mís amantísimos amigos se entregaban a una orgía etílica de sexo y destrucción sin yo poder ser partícipe de ello. De modo que a las 4:30 me cansé y me fuí a mi casa.

Esta experiencia me ha hecho valorar un par de puntos en los que no había reparado antes:

  1. Ya comprendo porqué abstemios y borrachos compulsivos no hacen miga.
  2. Ahora ya sé como me ve la gente desde fuera las noches de farra. Y la verdad, me lo imaginaba peor.

Y esta es, querida audiencia, mi crónica de Nochevieja. Perdonen el peñazo, en el siguiente post intentaré hablar de explosiones nucleares o invasiones alienígenas. No se lo pierdan.

Ah, sí, feliz 1993.